mayo 17, 2026

Fuerza neural y envejecimiento – Fisiología del Ejercicio by Dr. López Chicharro

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La pérdida de fuerza asociada a la edad no puede explicarse únicamente por la reducción de masa muscular, sino que depende en gran medida de cambios en el sistema nervioso central y periférico. A partir de una revisión extensa de la literatura científica, el trabajo muestra que el entrenamiento de fuerza con cargas elevadas puede contrarrestar parcialmente estos deterioros, promoviendo adaptaciones neurales que permiten mantener o incluso recuperar la capacidad funcional en adultos mayores.

La capacidad de producir fuerza —tanto máxima como rápida— disminuye progresivamente con la edad. Esta pérdida tiene implicaciones importantes para la vida cotidiana, ya que afecta la movilidad, aumenta el riesgo de caídas y se relaciona con una mayor mortalidad. Los autores destacan que la disminución de fuerza es mucho mayor que la reducción de masa muscular, lo que indica que el deterioro neural desempeña un papel decisivo. Por ello, la revisión se centra en comprender qué cambios ocurren en el sistema nervioso durante el envejecimiento y cómo el entrenamiento de fuerza puede revertir parte de esos efectos.

En la primera parte del artículo se examinan los cambios cerebrales relacionados con la edad. Se describe que el cerebro experimenta una reducción estructural importante, especialmente en áreas vinculadas al movimiento y al comportamiento, como la corteza motora. Aunque no necesariamente se pierden neuronas en gran cantidad, sí se observa una disminución del tamaño celular y un deterioro de la sustancia blanca. Los autores sugieren que estos cambios podrían estar relacionados con la menor actividad física habitual de las personas mayores. La idea de “úsalo o piérdelo” aparece como un principio central: las regiones cerebrales menos estimuladas tienden a deteriorarse más rápidamente. Además, estructuras como el cerebelo y los ganglios basales también sufren alteraciones que afectan el control motor y la coordinación.

El artículo analiza después la excitabilidad corticoespinal, es decir, la capacidad del cerebro para enviar señales eficaces hacia los músculos. Los resultados de los estudios revisados son variables, pero existe evidencia de que las personas mayores presentan una conducción neural más lenta y mayores niveles de inhibición cortical. Esto significa que el sistema nervioso necesita un estímulo mayor para activar las neuronas motoras encargadas de producir movimiento. Sin embargo, los autores advierten que muchas investigaciones utilizan metodologías limitadas, con contracciones musculares de baja intensidad, lo que dificulta comprender plenamente cómo estos cambios afectan la fuerza máxima.

Uno de los conceptos más importantes del artículo es el de “impulso neural eferente”, entendido como la capacidad del sistema nervioso para reclutar unidades motoras y aumentar su frecuencia de disparo. Este mecanismo es fundamental para generar fuerza. La revisión muestra de manera consistente que las personas mayores presentan una reducción del impulso neural eferente. Esto implica que activan menos fibras musculares y que las señales enviadas hacia los músculos son menos intensas y menos rápidas. Los estudios que emplean técnicas como electromiografía, ondas V o activación voluntaria demuestran que el deterioro neural es especialmente evidente durante contracciones máximas.

El trabajo también describe cambios en la médula espinal y en las motoneuronas alfa, que constituyen la última etapa antes de la activación muscular. Con el envejecimiento se pierde un número considerable de estas motoneuronas, especialmente aquellas asociadas a fibras musculares rápidas de tipo II, fundamentales para producir fuerza explosiva. Como consecuencia, disminuye el número de unidades motoras funcionales y las restantes se vuelven más grandes debido a procesos de reinervación. Además, la velocidad de conducción nerviosa se reduce y la excitabilidad de las motoneuronas disminuye. Todo esto contribuye a una menor capacidad para desarrollar fuerza rápida y eficiente.

En la segunda parte del artículo, los autores exploran el impacto del entrenamiento de fuerza sobre estos mecanismos neurales. La evidencia muestra que el entrenamiento con cargas pesadas produce mejoras importantes en la fuerza muscular incluso cuando el aumento de masa muscular es relativamente pequeño. Esto indica que gran parte de la adaptación ocurre en el sistema nervioso. Un hallazgo especialmente interesante es que entrenar un solo miembro puede aumentar la fuerza del miembro contrario no entrenado, fenómeno conocido como “cross-education”. Dado que el músculo no entrenado no experimenta cambios estructurales directos, estas mejoras solo pueden explicarse mediante adaptaciones neurales centrales.

Los autores destacan que el principal efecto del entrenamiento de fuerza en adultos mayores es el aumento del impulso neural eferente. Después de pocas semanas de entrenamiento, se observa una mayor capacidad para reclutar unidades motoras y aumentar su frecuencia de disparo. Algunos estudios muestran incluso que las tasas de activación motora pueden acercarse a las de adultos jóvenes. Además, se ha observado una reducción de la inhibición cortical, lo que sugiere que el cerebro se vuelve más eficiente para activar la musculatura. Estas adaptaciones parecen producirse principalmente en el sistema nervioso central más que en el periférico.

No obstante, el artículo también señala que ciertos cambios asociados al envejecimiento son difíciles o imposibles de revertir. La pérdida de motoneuronas y de unidades motoras parece ser en gran medida irreversible una vez que ocurre. Aunque el entrenamiento puede mejorar la función de las neuronas restantes, no siempre logra restaurar completamente la estructura neural original. Por ello, los autores sugieren que mantener un entrenamiento de fuerza a lo largo de toda la vida podría ser crucial para preservar la integridad neuromuscular antes de que el deterioro sea demasiado avanzado.

Un aspecto central de la revisión es la importancia de utilizar cargas elevadas durante el entrenamiento. Los autores argumentan que actividades recreativas o ejercicios con poca resistencia no son suficientes para mantener el impulso neural eferente en la vejez. Para activar las unidades motoras de alto umbral y estimular adecuadamente el sistema nervioso, es necesario trabajar con intensidades superiores al 60 % de la repetición máxima, idealmente alrededor del 90 %. El entrenamiento de fuerza máxima, caracterizado por pocas repeticiones y movimientos explosivos durante la fase concéntrica, parece ser especialmente eficaz para mejorar la capacidad funcional y la rapidez en la producción de fuerza.

Finalmente, el artículo concluye que el envejecimiento afecta profundamente al sistema nervioso y que este deterioro explica gran parte de la pérdida de fuerza observada en los adultos mayores. Sin embargo, también subraya que la plasticidad neural continúa existiendo en edades avanzadas. El entrenamiento de fuerza con cargas pesadas puede estimular adaptaciones neurales significativas, mejorar el impulso neural eferente y aumentar la capacidad funcional. En consecuencia, los autores defienden que el entrenamiento orientado específicamente al sistema nervioso debe considerarse una estrategia esencial para preservar la autonomía, la movilidad y la calidad de vida durante el envejecimiento.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/05/Neural-plasticity-is-a-two-way-street.pdf

Referencia completa del artículo:

Tøien TH, Berg OK, Brobakken MF, Wang E. Neural plasticity is a two-way street: Counteracting age-related neural deterioration with strength training. Arch Gerontol Geriatr. 2026 May 6;149:106292. doi: 10.1016/j.archger.2026.106292.

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