mayo 21, 2026

Osteosarcopenia y fragilidad – Fisiología del Ejercicio by Dr. López Chicharro

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La osteosarcopenia es un síndrome geriátrico complejo que combina osteoporosis y sarcopenia, dos procesos estrechamente relacionados tanto desde el punto de vista mecánico como metabólico. Esta condición representa uno de los principales desafíos de salud pública asociados al envejecimiento poblacional, debido a su impacto sobre la fragilidad, las caídas, las fracturas y la pérdida de autonomía funcional.

La osteosarcopenia no debe entenderse simplemente como la coexistencia casual de pérdida ósea y pérdida muscular, sino como la manifestación de un deterioro integrado del sistema musculoesquelético. El hueso y el músculo mantienen una comunicación constante mediante señales mecánicas, hormonales y bioquímicas. Por ello, cuando uno de estos tejidos se deteriora, el otro suele verse afectado de manera simultánea. Esta relación bidireccional explica por qué la disminución de la densidad mineral ósea suele coexistir con la pérdida de masa y fuerza muscular en las personas mayores.

Las fracturas por fragilidad representan actualmente un problema sanitario global. El aumento sostenido de la esperanza de vida ha incrementado el número de adultos mayores vulnerables a fracturas, hospitalizaciones y dependencia funcional. En este contexto, la identificación temprana de la osteosarcopenia adquiere una relevancia clínica decisiva. El síndrome se asocia con una mayor frecuencia de caídas, fracturas osteoporóticas, ingresos hospitalarios, institucionalización en residencias y mortalidad. Además, genera un considerable incremento del gasto sanitario y contribuye a reducir la “healthspan”, es decir, los años de vida vividos con buena salud y autonomía.

La osteoporosis pasó de definirse únicamente por la fragilidad ósea a incorporar criterios objetivos basados en densidad mineral ósea medidos mediante absorciometría dual de rayos X (DXA). Paralelamente, la sarcopenia dejó de considerarse simplemente una pérdida de masa muscular para incluir también la disminución de fuerza y rendimiento físico. Las nuevas definiciones internacionales subrayan que la fuerza muscular reducida constituye uno de los marcadores más importantes de riesgo funcional y mortalidad.

La osteosarcopenia surge de la interacción entre envejecimiento, inflamación crónica, alteraciones endocrinas, disfunción mitocondrial y acumulación de grasa en músculo y médula ósea. Uno de los elementos centrales es el denominado “bone-muscle crosstalk”, es decir, el diálogo continuo entre hueso y músculo. Este intercambio se produce mediante moléculas reguladoras secretadas por ambos tejidos. Los osteoclastos, osteoblastos y osteocitos regulan la remodelación ósea mediante sistemas como RANKL y osteoprotegerina, mientras que el músculo libera mioquinas capaces de influir sobre la formación y resorción ósea.

Tiene especial importancia al papel de las células madre mesenquimales. En condiciones juveniles, estas células tienden a diferenciarse hacia osteoblastos y miocitos; sin embargo, con el envejecimiento aumenta su transformación en adipocitos. Este fenómeno favorece la infiltración grasa tanto en el músculo como en la médula ósea, creando un entorno lipotóxico que perjudica la función osteoblástica y muscular. La acumulación de grasa produce adipocinas proinflamatorias capaces de estimular apoptosis celular y aumentar la actividad osteoclástica, acelerando así la pérdida ósea y muscular.

Otro aspecto innovador discutido es el papel del metabolismo del triptófano y de la vía de la quinurenina. Los autores describen cómo el envejecimiento y la inflamación crónica alteran esta vía metabólica, favoreciendo la producción de metabolitos tóxicos asociados al estrés oxidativo y la senescencia celular. Algunos metabolitos derivados del triptófano afectan negativamente a la salud ósea y muscular, mientras que otros parecen tener efectos anabólicos protectores. Esta línea de investigación abre posibilidades terapéuticas futuras dirigidas a modular procesos metabólicos específicos implicados en la osteosarcopenia.

La inactividad física desempeña un papel fundamental en el desarrollo del síndrome. El mantenimiento de la masa ósea depende de la carga mecánica generada por el movimiento y la contracción muscular. La disminución de actividad física provoca simultáneamente atrofia muscular y pérdida de densidad ósea. A ello se suman factores hormonales relacionados con el envejecimiento, como la reducción de testosterona, estrógenos, hormona de crecimiento e IGF-1, que aceleran el deterioro musculoesquelético.

En cuanto a las manifestaciones clínicas, se describe un fenotipo caracterizado por bajo rendimiento físico, disminución de la velocidad de marcha, alteraciones del equilibrio, reducción de fuerza prensora y deterioro de la capacidad funcional para actividades básicas e instrumentales de la vida diaria. La osteosarcopenia se asocia a un riesgo especialmente elevado de caídas y fracturas de cadera, así como a mayor fragilidad y dependencia funcional.

La osteosarcopenia debe abordarse como una entidad clínica integrada y no como la simple suma de dos enfermedades independientes. Los autores sostienen que el enfoque terapéutico debe actuar simultáneamente sobre hueso y músculo. Aunque existen tratamientos farmacológicos eficaces para la osteoporosis, todavía no hay terapias aprobadas específicamente para la sarcopenia ni para la osteosarcopenia como entidad unificada. Por ello, las intervenciones no farmacológicas siguen siendo el pilar principal del manejo clínico.

Entre las estrategias más recomendadas destacan el entrenamiento de resistencia, la actividad física regular y una nutrición adecuada rica en proteínas, calcio y vitamina D. Los autores señalan que los adultos mayores requieren una ingesta proteica superior a la recomendada para adultos jóvenes, debido a la menor eficiencia metabólica asociada al envejecimiento. También se analizan suplementos potencialmente beneficiosos como leucina, creatina y β-hidroxi-β-metilbutirato. Diversos estudios citados demuestran que el entrenamiento de fuerza combinado con suplementación proteica puede mejorar masa muscular, velocidad de marcha, fuerza prensora y densidad mineral ósea.

El potencial de nuevas terapias dirigidas a mecanismos compartidos entre músculo y hueso. Entre ellas se mencionan moduladores hormonales, inhibidores de miostatina, terapias antiinflamatorias, fármacos metabólicos y estrategias basadas en células madre. Sin embargo, los autores advierten que todavía faltan estudios longitudinales y ensayos clínicos robustos que permitan establecer criterios diagnósticos uniformes y demostrar la eficacia de tratamientos combinados.

El artículo concluye que la osteosarcopenia representa una de las expresiones más relevantes del envejecimiento biológico y que su reconocimiento temprano puede mejorar significativamente la prevención de fracturas, discapacidad y mortalidad en la población anciana. Los autores defienden la necesidad de incorporar evaluaciones simultáneas de hueso y músculo en la práctica geriátrica habitual, promoviendo un enfoque multidimensional orientado a preservar movilidad, independencia y calidad de vida.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/05/Why-Osteosarcopenia-Matters.pdf

Referencia completa del artículo:

Bonamigo EL, Maia MN, Pinheiro Cavallaro de Oliveira R, Gemerasca Mestriner R, Aprahamian I, Duque G. Why Osteosarcopenia Matters: Clinical and Investigative Implications. Eur J Clin Invest. 2026 May;56(5):e70221. doi: 10.1111/eci.70221.

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