Leyendas, árboles escondidos y fuentes milagrosas: ruta al santuario de San Juan Xar
En el extremo norte de Navarra, entre Igantzi y Arantza, hay un bosque que conserva una de las rarezas botánicas de la península. La Reserva Natural de San Juan Xar ocupa una vaguada húmeda del valle de Bortziriak y protege el mayor núcleo de carpes autóctonos del territorio ibérico (un tipo de árbol). El lugar no destaca solo por su valor ecológico: en el interior del bosque hay una gruta y una fuente envueltas en leyendas, ritos vinculados al agua y devoción cristiana.
La reserva fue declarada espacio protegido en 1987. El motivo principal fue la presencia del mencionado carpe o Carpinus betulus, que se encuentra habitualmente en zonas templadas de Europa central pero es muy escaso en la península ibérica. De hecho, durante años se consideró que San Juan Xar era el único bosque autóctono de carpes del país. Los estudios más recientes matizan esa afirmación y sitúan pequeños núcleos también en Guipúzcoa, aunque el enclave navarro aún es el más importante y mejor conservado.
Detalles de la ruta al santuario de San Juan Xar
El acceso más conocido parte del kilómetro 4,4 de la carretera NA-4020, la vía que une Igantzi y Arantza. Un arco de piedra marca la entrada al sendero y desde allí comienza un paseo corto que discurre junto al cauce de la regata de Latsa, un afluente del río Bidasoa también llamada Arrata en algunos tramos del valle. El recorrido es fácil y atraviesa una zona de humedad constante, cubierta de helechos, musgo y árboles de gran porte.
El camino no supera los dos kilómetros hasta la gruta. La pendiente es suave y el bosque cierra pronto el horizonte. Los castaños centenarios aparecen primero, cerca del acceso, con troncos abiertos por el tiempo y raíces que sobresalen del terreno. Más adelante abundan los robles, fresnos y arces. El carpe ocupa la parte más sombría de la vaguada, donde el agua y la orientación mantienen un microclima fresco durante casi todo el año.
La presencia de este árbol en Navarra tiene interés científico porque funciona como un vestigio de otros periodos climáticos. Los especialistas consideran que estos bosques quedaron aislados tras cambios ambientales ocurridos hace siglos. En San Juan Xar sobrevivieron gracias a la humedad del valle y a la protección natural del relieve.
La sensación térmica cambia conforme el sendero pierde altura y en verano se agradece el paseo por el interior del bosque, porque está fresco y resguardado del sol. Un detalle a tener en cuenta es que no hay grandes desniveles ni pasos técnicos, pero sí raíces húmedas y piedra resbaladiza en algunos puntos.
El final del camino aparece de repente. La vegetación se abre junto a una pared rocosa y deja ver una escalinata de piedra. Arriba se encuentra la gruta-ermita de San Juan Xar, construida bajo un saliente natural de roca caliza. El santuario es pequeñito, como sucede en muchos de estos homenajes construidos en una montaña. Una verja protege la imagen de San Juan Bautista y delimita el espacio de culto. A pocos metros surge la fuente de tres caños, lugar de peregrinación desde hace siglos.
Una fuente con propieades curativas

La tradición popular atribuye propiedades curativas a estas aguas, sobre todo para afecciones de la piel. El ritual es el siguiente: beber de cada caño, mojar un paño en el agua y frotar con él la zona que se quiere curar. Después, el pañuelo se deja junto a la fuente. Pasados unos días, el sacerdote los recoge y los quema. Algunas versiones locales sostienen que los años lluviosos hacen brotar un cuarto caño.
El origen de esta costumbre es anterior al santuario cristiano. La mitología vasca sitúa en cuevas, ríos y manantiales a las ‘lamiak’, seres femeninos vinculados al agua y a la fertilidad. Varias fuentes sobre San Juan Xar recogen que las ofrendas y rezos se dirigían antiguamente a estas figuras mitológicas antes de la llegada de la imagen de San Juan Bautista. Cada 24 de junio, día de San Juan, vecinos de la zona acuden al santuario para mantener la tradición.
Otros lugares de interés cercanos
La visita suele completarse con otros lugares del entorno. A pocos kilómetros se encuentran las cuevas de Zugarramurdi y el Parque Natural Señorío de Bértiz, dos espacios muy ligados al paisaje atlántico navarro. También merece una parada el casco urbano de Arantza, formado por caseríos dispersos y pequeñas construcciones tradicionales. Igantzi, más pequeño, conserva el ambiente rural típico de Bortziriak.
Aunque el recorrido principal es breve, existen variantes más largas. Algunas rutas enlazan el santuario con Arantza o con senderos señalizados del entorno. También hay itinerarios circulares que parten desde el propio núcleo urbano de Igantzi y permiten recorrer zonas de pastos y antiguos caminos entre caseríos.
Cuidar el entorno
La reserva cuenta con normas básicas de conservación. No está permitido abandonar los senderos señalizados ni recoger plantas o fragmentos de madera. El ecosistema es reducido y sensible a la erosión del suelo. El terreno húmedo favorece además la aparición de barro durante buena parte del año, por lo que conviene utilizar calzado impermeable.
San Juan Xar no responde al modelo de gran espacio natural ni al de santuario monumental. Su interés reside precisamente en la escala pequeña del conjunto. El bosque, la roca y el agua forman un paisaje compacto donde cada elemento depende del otro. El sendero termina pronto, pero deja la sensación de haber cruzado un lugar apartado del ritmo habitual del valle. Un rincón del Pirineo navarro donde la naturaleza y la tradición todavía conservan una relación difícil de encontrar en otros espacios turísticos.
Soy periodista y escribo sobre cosas que importan en sitios que interesan desde hace más de una década.