Brasil, un país llamado Neymar
l revive en la gente al inolvidable Pelé. Y no solo por ser del Santos, por llevar la camiseta 10 y por ser ídolo. No; la razón fundamental es ser arropado por aquel halo que se creía perdido, el aura de la magia y el espíritu de enigma que ha sido santo y seña de los brasileños. ¿Es brujería, es macumba, es obra de un prestidigitador? Nadie lo sabe, pero existe, vaya si existe. Se cree, y con razón, que Neymar es el único ser viviente que lo posee, y por eso es que los doscientos treinta millones de habitantes del país del Amazonas se aferran a su camiseta, a su luz, porque sienten que en su fútbol podría estar la llave que abra por portones del reino. Hoy no se sabe si estará enfrentando la dureza de los zagueros de Marruecos, su facultad para el anticipo y para marcar y no dejar jugar, pero a los cariocas, a los paulistas, a los bahianos, a los gauchos, tal cosa poco les importa si Neymar entra y hace lo que esperan que haga. Todo lo apuestan al prodigio, al muchacho que pueda improvisar sobre la improvisación; en fin, que todo lo puede hacer, como un dios salido de Mogi das Cruces, estado de Sao Paulo donde nació, y entregarle a Brasil lo que el fútbol le debe desde 2002…
Ha cumplido ya treinta y cuatro años de edad, y el tiempo se le escapa sin miramientos ni concesiones. Sabe que el último tren está por pasar y que si no lo aborda, mañana la vida se lo va a reclamar. Neymar apareció, a los diecisiete años, en los campos de Vila Belmiro, en Santos, y desde entonces ha crecido a medio camino entre el cielo de su genio y la tierra de sus lesiones y dolores. Siempre ha sido así, pero el pueblo de Brasil sigue creyendo en él, en su poder para resolver no que ningún otro podrá. Pero, ¿Neymar tendrá guardado en las alforjas de su grandeza el gol que abra las derivas del sexto título mundial? Si Neymar no juega hoy lo hará otro, y otro y otro y tal vez Brasil triunfará. Pero si Brasil no vence, todos dirán, en la ensoñación tan propia de las mujeres y hombres de su gentilicio, “cuánta falta hizo su magia. Otra historia hubiera sido con Neymar”…
La victoria de México ante Suráfrica abre un abanico de esperanzas para el fútbol latinoamericano. Casi sin esfuerzos, sin hurgar en el fondo de sus posibilidades se llevó por delante al desajustado cuadro de Suráfrica. Ahora tendrá que entendérselas con Corea, equipo bravo y con velocidad de celaje, y soportar ese vendaval asiático. Ayer Paraguay ante Estados Unidos completaba el cuadro de las selecciones de la región, y aunque a la hora de escribir esta columna aun no sabemos el resultado del partido, esperamos que le haya ido lo mejor posible. Nos vemos por ahí.