abril 6, 2026

Fisiología del Ejercicio by Dr. López Chicharro

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Artículos de Fisiología del Ejercicio

La crioterapia de cuerpo entero (whole-body cryotherapy, WBC) representa una evolución tecnológica de las terapias con frío utilizadas históricamente para el tratamiento del dolor y la inflamación. Esta modalidad consiste en la exposición breve (máximo 2–3 minutos) a temperaturas extremadamente bajas (por debajo de −100 °C) en cámaras especializadas. Aunque inicialmente fue desarrollada para el tratamiento de enfermedades reumatológicas como la artritis reumatoide, su uso se ha expandido en los últimos años a múltiples ámbitos clínicos y deportivos.

Desde un punto de vista fisiológico, la WBC se postula como una intervención capaz de modular diferentes sistemas biológicos. Entre los mecanismos más relevantes destacan la regulación de la respuesta inflamatoria, la modulación del estrés oxidativo y los cambios en el sistema nervioso autónomo y endocrino. Sin embargo, es importante señalar desde el inicio que gran parte de estos mecanismos derivan de estudios con muestras pequeñas y diseños heterogéneos, lo que limita la solidez de las conclusiones.

En términos prácticos, la aplicación de la WBC requiere condiciones altamente controladas. El procedimiento incluye una fase inicial de adaptación a −60 °C seguida de exposición a temperaturas entre −110 °C y −140 °C. La seguridad depende en gran medida del cumplimiento de protocolos estrictos, incluyendo el uso de ropa protectora y la supervisión constante por personal cualificado. A pesar de que se considera generalmente segura en individuos sanos, existen múltiples contraindicaciones, especialmente en pacientes con patología cardiovascular, trastornos metabólicos o intolerancia al frío, lo que obliga a una selección rigurosa de los candidatos.

Uno de los aspectos más estudiados es la respuesta cardiovascular. La evidencia sugiere que la WBC induce cambios agudos pero transitorios, como aumentos en la presión arterial y modificaciones en la frecuencia cardíaca. En muchos casos se observa una reducción de la frecuencia cardíaca tras la exposición, atribuida a un aumento del tono vagal mediado por la activación de barorreceptores. No obstante, algunos estudios han descrito respuestas opuestas, con incrementos de la frecuencia cardíaca, especialmente en atletas. Esta variabilidad sugiere que la respuesta cardiovascular depende en gran medida del perfil del sujeto y de su estado de entrenamiento. En cualquier caso, en individuos sanos estos cambios parecen ser fisiológicos y no clínicamente perjudiciales, aunque la extrapolación a poblaciones con enfermedad cardiovascular sigue siendo incierta.

En relación con la inflamación y la recuperación, la WBC ha mostrado efectos potencialmente beneficiosos. Diversos estudios indican que puede favorecer un perfil antiinflamatorio, caracterizado por aumentos en citocinas como la interleucina-10 (IL-10) y reducciones en mediadores proinflamatorios como IL-1β o prostaglandina E2. En el contexto del ejercicio, estos efectos podrían traducirse en una atenuación del daño muscular y una mejora en la recuperación. Sin embargo, los resultados no son consistentes en todos los estudios, y en algunos casos no se observan cambios significativos en los marcadores inflamatorios. Esto plantea dudas sobre la magnitud real del efecto y su relevancia clínica, especialmente fuera de contextos muy específicos.

El estrés oxidativo es otro de los mecanismos propuestos. La exposición repetida al frío extremo podría inducir adaptaciones que mejoren la capacidad antioxidante endógena. Algunos estudios muestran aumentos en indicadores como la superóxido dismutasa o el estado antioxidante total tras varias sesiones de WBC. No obstante, estos efectos parecen depender del número de sesiones, del estado basal del individuo y del contexto clínico. En pacientes con enfermedades crónicas como la esclerosis múltiple o la artritis reumatoide, los resultados son inconsistentes y, en muchos casos, los beneficios son modestos o transitorios. Además, no todos los estudios muestran mejoras en el balance redox, lo que sugiere que este mecanismo no está plenamente establecido.

En el ámbito clínico, la WBC ha sido explorada en diversas especialidades. En reumatología, algunos ensayos han mostrado reducciones en el dolor y mejoras funcionales en pacientes con artritis reumatoide y fibromialgia. Sin embargo, estos efectos suelen ser a corto plazo y no siempre se acompañan de cambios sostenidos en los marcadores inflamatorios. Además, la heterogeneidad de los protocolos dificulta establecer recomendaciones claras.

En neurología y psiquiatría, la WBC ha despertado interés como intervención complementaria. En pacientes con depresión, algunos estudios sugieren mejoras en los síntomas cuando se combina con tratamiento farmacológico. De forma similar, en esclerosis múltiple se han descrito beneficios en fatiga, dolor y calidad de vida. No obstante, otros estudios no encuentran mejoras funcionales significativas, lo que refuerza la idea de que los efectos son variables y probablemente dependientes de subgrupos específicos de pacientes.

Desde una perspectiva aplicada, la implementación de la WBC plantea cuestiones relevantes. Su coste, la necesidad de equipamiento especializado y la supervisión profesional limitan su accesibilidad. Por ello, su uso debería justificarse por beneficios clínicamente relevantes y no únicamente por cambios estadísticamente significativos. En este sentido, la WBC parece más adecuada como intervención complementaria en pacientes seleccionados que como tratamiento de primera línea.

El análisis crítico de la literatura revela importantes limitaciones metodológicas. Muchos estudios presentan tamaños muestrales reducidos, ausencia de grupos control adecuados y falta de aleatorización o enmascaramiento. Además, la variabilidad en los protocolos (temperatura, duración, número de sesiones) impide comparar resultados entre estudios. A esto se suma la escasez de investigaciones a largo plazo, lo que limita el conocimiento sobre la seguridad y eficacia sostenida de la WBC. Otro aspecto relevante es que una gran parte de la evidencia proviene de estudios en atletas, lo que reduce su aplicabilidad a poblaciones clínicas.

En conjunto, la crioterapia de cuerpo entero se presenta como una intervención prometedora con potenciales beneficios en la modulación de la inflamación, el estrés oxidativo y la recuperación funcional. Sin embargo, la evidencia actual es heterogénea y, en muchos casos, insuficiente para establecer recomendaciones firmes. Los efectos observados suelen ser modestos, dependientes del contexto y, en ocasiones, transitorios.

Por tanto, aunque la WBC puede tener un papel como herramienta complementaria en medicina moderna, especialmente en ámbitos como la rehabilitación, la reumatología o el deporte, su uso debe abordarse con cautela. Es imprescindible avanzar hacia estudios más robustos, con diseños estandarizados y muestras amplias, que permitan identificar qué pacientes se benefician realmente y en qué condiciones.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/04/Cold-as-a-therapeutic-frontier.pdf

Referencia completa del artículo:

Dziugieł R, Bołtuć-Dziugieł K, Jaroszyński A. Cold as a therapeutic frontier: place of whole-body cryotherapy in modern medicine. Eur J Appl Physiol. 2026 Mar 24. doi: 10.1007/s00421-026-06193-x.

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