Pájaros carpinteros y olor a narcisos: rutas por el Parque Natural de Izki, en Álava
Quienes ya peinen canas es bastante posible que tengan en su recuerdo aquella serie de dibujos animados protagonizada por el conocido Pájaro Loco. De hecho, es bastante probable que muchos niños y niñas de hoy en día también lo conozcan porque es un clásico. Pero lo importante aquí, además de lo divertidos que eran sus capítulos, es que en un mundo en que la ficción y realidad confluyesen, podría ser inquilino del Parque Natural de Izki, en Álava.
Resulta que este enorme pulmón de la península ibérica está declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y alberga la mayor población de pico mediano de España. Es decir, los conocidos como ‘pájaros carpinteros’, grupo al que pertenecería el famoso dibujo animado. La presencia de esta especie no es casual: se debe a que reside en el mayor robledal de Quercus pyrenaica (rebollo o marojo) de Europa, un hábitat de árboles maduros y madera muerta esencial para su existencia.
Ornitología o ‘Birding’, una afición políglota
El parque es un paraíso para todos los amantes de la ornitología o ‘birding’, es decir, el avistamiento de aves. Allí conviven siete especies de pájaros carpinteros. El pico mediano, que es el emblema, se distingue por su pileo rojo intenso y porque apenas tamborilea (más bien emite una especie de maullido que resuena entre los troncos). Además, está el pito negro, que es el mayor de los carpinteros europeos, tiene un plumaje color azabache y un grito que parece sacado de una selva tropical.
Junto a ellos habitan el pico picapinos, más adaptable y ruidoso. El pico menor, del tamaño de un gorrión, que suele andar por las ramas altas de los chopos y sauces en las riberas de los arroyos. El pito real, con su plumaje verde y su hábito de buscar hormigas en el suelo. Y el torcecuello, que aparece en verano. Todos ellos completan un conjunto que atrae a naturalistas de toda Europa.
Pero no solo hay carpinteros en Izki, sino que también es hábitat de rapaces: el buitre leonado y el águila real vigilan el territorio durante todo el año, mientras que el águila calzada y el abejero europeo cazan durante los meses de verano.
Rutas por el Parque Natural de Izki
Para poder conocer el espacio y avistar las aves que ponen una banda sonora de madera que repiquetea, existen varias rutas de senderismo adaptadas a las necesidades de cada visitante, según el nivel de dificultad o lo que se vaya buscando.
Travesía del Marojal
Esta ruta parte de la localidad de Korres, en el municipio de Arraia-Maeztu. Tiene una longitud de 14 kilómetros (ida) y su duración estimada es de cuatro horas y 50 minutos. Su desnivel es de 525 metros y su nivel de dificultad es medio-alto.
En ella podemos observar seis especies diferentes de pájaros como el picamaderos negro, el pito real, el pico picapinos o el más habitual por esos lares, el pico mediano. Conviven con ellos la alondra común, la curruca mosquitera, el reyezuelo listado o el escribano triguero. Además, en la zona de los roquedos vive una colonia de buitre leonado.
Ruta de los barrancos de Izki
El recorrido pasa por el mirador de Antoñana, uno de los lugares más destacables del espacio natural. Tiene una distancia de 5,48 kilómetros, una duración estimada de dos horas y 20 minutos y un nivel de dificultad fácil. El desnivel que acumula es de 275 metros.
Desde la web del parque explican que en verano es fácil visualizar ejemplares de “halcón peregrino o avión roquero” y durante otras épocas “águila calzada, alimoche común, milano real o culebrera europea”.
Senda de las Balsas (desde Urturi)
Al combinar el bosque con ecosistemas acuáticos, esta ruta diversifica mucho las especies a observar. Se trata de un recorrido circular de 6,1 kilómetros con una duración estimada de dos horas. Su nivel de dificultad es muy bajo y su desnivel es de 105 metros (el camino es casi llano).
Además del pico menor en las riberas, las balsas de El Espinal y Las Huertas permiten ver el zampullín común y diversas anátidas. Es el sendero más cómodo para caminar con calma y detenerse en los puntos de observación.
Turismo familiar

La Casa del Parque (Parketxea), ubicada en Korres, funciona como un centro de operaciones donde se pueden obtener prismáticos en préstamo gratuito, una herramienta indispensable para que los niños y niñas se inicien en la observación sin frustraciones (y los mayores despistados que se los hayan olvidado en casa no se queden sin ver nada).
El área recreativa de Korres tiene un espacio de descanso con columpios y mesas de picnic bajo la sombra y, además, en el parque se organizan de manera periódica talleres infantiles. En ellos, los participantes aprenden a identificar el sonido de un carpintero en acción o a reconocer las egagrópilas de las rapaces nocturnas.
La Vía Verde del Ferrocarril Vasco-Navarro, que atraviesa parte del parque, es otra opción ideal para ir con niños. Es un itinerario sin desniveles que se puede recorrer en bicicleta o con carritos de bebé, lo que facilita el acceso a los paisajes.
Durante los meses de marzo y abril, la vegetación también reclama su protagonismo gracias al despertar de las flores que dan color al entorno como los narcisos silvestres. Estas pequeñas flores amarillas aprovechan la luz que todavía llega al suelo antes de que los robles recuperen su follaje denso. En las zonas más húmedas y en los márgenes de los arroyos, los narcisos forman alfombras doradas como el camino al reino de Oz. Es un espectáculo efímero que coincide con el inicio del celo de muchas aves, por lo que el parque está en un momento álgido.
Soy periodista y escribo sobre cosas que importan en sitios que interesan desde hace más de una década.