Vinotinto, dudas y certezas… – Líder en deportes
No es posible establecer reales parámetros en cuanto a la Vinotinto actual.
Viajó, jugó dos partidos, pero asumidos de maneras tan diferentes que pareciera haber puesto sobre la cancha de Uzbekistan a dos equipos. En realidad eran dos adversarios de distintas características, pero a la selección venezolana le faltó solidez de estilo e imponerse más allá de lo circunstancial.
Ante Trinidad y Tobago fue casi un asombro, aunque si nos detenemos y enfrentamos los entusiasmos fue un espejismo propio del Sahara. La Vinotinto comenzó perdiendo, pero no le importó; sabía, a priori, que el rival no iba a tener muro de contención ante la avalancha que le iba llegar. Y le llegó: cuatro goles ante una Trinidad de fútbol vistoso, alegre, pero irresponsable en su demarcación táctica y defensiva.
Se esperaba que la gracia se repetiría ante Uzbekistán, un grupo de jugadores de pocas virtudes pero también de mucho oficio. Ante estos euroasiáticos la Vinotinto solo tuvo claridad a ratos, porque del medio en adelante fue desconcierto, falta de senderos por dónde andar.
Por eso en el título hacemos énfasis en las dudas, pero también en algunas certezas. Así como ante los uzbekos Venezuela no pudo definir una identidad que busca desde hace años, también es rescatable aquella actitud del quehacer ante los trinitarios.
En esa estampida, es ese arriar caballos y esgrimir escudos y lanzas, Delvin Alfonzo, galopando desde las comarcas defensivas marcó dos veces, caso extraño en un lateral, completando el ciclo Salomón Rondón. En este partido llamó la atención el desenvolvimiento de Cristian Cásseres y no solo por su buen jugar, sino por sus actitudes como capitán, el llamado a sus compañeros en los momentos difíciles.
En Taskent, capital del país, la Vinotinto no se reflejó en el espejo de su partido inicial. Ante un Uzbekistan bien parado en la cancha, sin mostrar las grietas defensivas de Trinidad, la historia fue escrita de otra manera. Atorados en sus afanes del mediocampo, sin las luces que le marcaran la ruta, el equipo fue otro porque otro era el rival. Los grandes equipos se manejan así: jugamos de esta manera, y el otro que se acomode. A Venezuela le faltó eso, no obstante el empeño de José Martínez y Telasco Segovia por gustar.
Hay quien dice no haber visto nada nuevo en la expresión del equipo nacional; que todo ha sido lo mismo, que no se siente la mano del entrenador. Es una mirada, sí, pero también habrá que darle crédito a Oswaldo Vizcarrondo en sus pasos iniciales y sigilosos como director de una empresa tan empinada y brava como ha de ser la conducción de la Vinotinto. Estaremos de acuerdo en que no se notó un contraste con las selecciones anteriores, ¿pero es posible hacerlo en solo dos partidos de exploración?, ¿no sería demasiado pedir en los primeros andares de una experiencia que solo culminará en 2030?
América del Sur, ¿Qué ha pasado?
Los llamados partidos “amistosos”, de amistosos poco han tenido para el continente que habitamos. Colombia ha sido la gran decepción, porque con un equipo tan aquilatado, tan pleno de figuras del fútbol universal, se desdibujó ante Croacia y fue casi una caricatura cuando tuvo a Francia frente a frente. A Brasil, del que tanto se espera en manos de Carlo Ancelotti, no le alcanzaron sus pergaminos ante los franceses, aunque se reivindicó a medias con sus goles ante los croatas.
Solo Argentina, con victorias ante Mauritania y Zambia, equipos de poco andar, pudo salvarse. Uruguay no desestimó al empatar en Londres ante Inglaterra, Ecuador al firmar un armisticio contra Marruecos, y Ecuador con Países Bajos. Un inventario para, cuando menos, dormir con una preocupación llamada Europa.
Ah, ¿y Bolivia? El Mundial se le quedó en los pies de Irak.