Días de fuego ardiente – Líder en deportes
De vez en cuando, el ser humano tiene frente a sí trampas en el camino y decisiones a tomar para sortear y seguir, aunque decía Milan Kundera en uno de sus célebres libros, que son, a veces, las decisiones los que lo toman a uno.
¿Será este el caso? No lo sabemos, pero por lo pronto, un abigarrado grupo de selecciones tendrán que decir en los próximos días, 26 y 31 de este mes, de qué madera están hecho para acceder al Mundial de Estados Unidos, México, Canadá.
Mientras, y por esos mismos tiempos, la selección Vinotinto mira para otro lado. Por entonces estará en los confines de la remota Uzbekistán enfrentado a Trinidad y Tobago (el próximo 27) y al dueño del patio (el día 30) en procura de algo, una identidad, una conformación, una nueva manera de enfrentar los partidos. Será un torneo nuevo, concebido por la Fifa para aumentar las capacidades futbolísticas de aquellos seleccionados que han quedado un paso atrás del gran juego, y en el que buscarán su verdad-verdadera.
Oswaldo Vizcarrondo, callado entrenador venezolano, inició su ciclo con una argumentación: sólo llevaría a jugadores del campeonato local para comenzar a enraizarles sus convicciones. No obstante, en su navegación por el mar picado del fútbol nacional decidió en contrario: llamó a jugadores tradicionales, los de siempre, para comenzar y comenzar bien, para calibrar a dos selecciones de estilos diferentes.
Ante los trinitarios va a conseguirse con un fútbol de vértigo, estilo caribe (y no “caribeño”, como erróneamente se suele decir; los aborígenes de la región y del mar eran así mismo, caribes), de transiciones como celaje y cambio de posiciones como relámpagos, aunque por eso mismo muchas veces con malas entregas.
Con Uzbekistán será el envés del cuento: también fútbol de cambios, pero no de posiciones sino de velocidades, unas veces lento y pensado, otras de ritmo rápido y casi siempre de choques de sus jugadores con adversarios porque así es su manera de enfrentarlos.
Para la gestión Vinotinto será este un muy útil experimento, y para Vizcarrondo punto para tomar grande decisiones. “De un lado de la cancha”, es decir, gente de fútbol piensa que no habrá atrevimiento; otros creen, por el contrario y en gesto de cauto optimismo, que sí, que el tiempo será bueno para conducir y crecer.
El director técnico, recordando las palabras y gesto de Richard Páez cuando les inculcó a los jugadores que ellos eran tan buenos como cualquiera, y siguiendo el reciente ejemplo de la Vinotinto de beisbol campeona del mundo, podría seguir en la deriva de aquellas convicciones.
Se no ser así, de “cambiar todo para que todo siga igual”, como en el precepto gatopardiano, entonces llegará el 2030, y el 2050, y el siglo XXII, y la Venezuela futbolística seguirá atrapada en el intraficable pantanal de su mala hora.
Oswaldo Vizcarrondo que tome el micrófono.
Por dos caminos
Fútbol y beisbol han marcado surcos de diferentes estampas. Han sido otras las derivas, relacionadas con los orígenes de cada una. Por eso resulta absurdo pretender compararlas, hablar de una en detrimento de la otra. El fútbol ha vivido unas dificultades mayores relacionadas con la historia del país, que lo han convertido en un deporte visto “como el segundo”. Y no es segundo ni primero, porque cada uno ha vivido su propio acontecer y estando adheridos a los hechos económicos y sociales. Si como se dice, fue “secuestrado” a comienzos del siglo XX por los colegios de curas y se mantiene sin conseguir victorias de verdadera trascendencia, el beisbol fue alimentado por la apertura de los campos petroleros y la bendición del triunfo en el Mundial del 41, en La Habana, coronado hace varias noches con su conquista del Clásico Mundial en Miami.