evidencias y recomendaciones para la práctica farmacéutica – Salud y Medicina
Por Iker Gómez García, del Grupo Nutrición y Obesidad (Vitoria-Gasteiz).
La colitis ulcerosa es un trastorno digestivo caracterizado por una inflamación crónica y recurrente que afecta el recto y el colon en grado variable. Junto con la enfermedad de Crohn, forma parte del conjunto de trastornos digestivos conocidos como enfermedad inflamatoria intestinal (EII), enfermedad que provoca una inflamación crónica y recurrente en el intestino. Se estima que aproximadamente un 0,8% de la población padece algún trastorno de la enfermedad inflamatoria intestinal en España, afectando tanto a adultos como a población adolescente e infantil. Actualmente, todavía no se conocen totalmente las causas que dan origen a estos trastornos digestivos. Sin embargo, numerosos estudios apuntan a que es consecuencia de un desequilibrio de las células del sistema inmune en la mucosa intestinal, cuyo desarrollo está condicionado tanto por factores ambientales como por predisposición genética.
La colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn comparten el componente inflamatorio, y producen algunos signos y síntomas clínicos similares. Ambos trastornos presentan un curso prolongado, con períodos de remisión y recurrencias, y los brotes sintomatológicos se clasifican en tres fases (leve, moderado y severo). En cuanto a las lesiones, a diferencia de la enfermedad de Crohn, que puede aparecer por todo el tracto gastrointestinal, en la colitis ulcerosa estas lesiones aparecen únicamente en el colon, afectando siempre en primer lugar al recto. Además, mientras que en la enfermedad de Crohn las lesiones son transmurales, en la colitis ulcerosa no lo son. En este trastorno la inflamación se extiende de manera continua en las capas más superficiales del epitelio, la mucosa y la submucosa. Los signos y síntomas más característicos son diarrea con sangre, urgencia para defecar, secreción mucosa, dolor abdominal y rectal, y tenesmo (sensación de evacuación incompleta).
Diagnóstico y prevención de la colitis ulcerosa
Es fundamental realizar un correcto diagnóstico de la colitis ulcerosa para detectar las zonas afectadas del colon y determinar la gravedad de las lesiones. Conocer estos datos del paciente permite prescribir el tratamiento más adecuado para cada persona. Junto con la observación de los síntomas clínicos, existen diferentes herramientas de diagnóstico entre las que destacan, en primer lugar, los test de laboratorio en los que se analizan ciertos biomarcadores de inflamación, tanto en suero como en heces; seguido de las técnicas de imagen como la ecografía intestinal o la resonancia magnética, para poder observar lesiones intestinales; y, por último, la endoscopia digestiva y la biopsia de tejido, para detectar inflamación en el intestino. Estas últimas, pese a ser las más invasivas, son las herramientas de diagnóstico y de evaluación más utilizadas.
En lo que respecta a la prevención, pese a que el factor genético tiene gran peso en la progresión de la enfermedad, la evidencia científica indica que mantener hábitos de vida saludables puede reducir la probabilidad de padecerla, además de promover un buen estado de salud. Más concretamente, se ha observado que practicar actividad física regularmente, no fumar, evitar la exposición a ambientes urbanos con mucha polución, y seguir una dieta saludable como la dieta mediterránea (rica en frutas, verduras, legumbres, pescado y frutos secos), podría tener un efecto protector frente al desarrollo de la enfermedad.
Desnutrición: un factor crucial en pacientes con colitis ulcerosa
En los pacientes con colitis ulcerosa, la desnutrición es frecuente y contribuye al aumento de infecciones, complicaciones tras la cirugía y a un peor pronóstico general. Los principales factores que pueden contribuir a un estado de desnutrición son:
- La reducción de la ingesta oral, debido a una disminución del apetito y del disfrute al comer, provocados por el dolor.
- La malabsorción intestinal, debido a las constantes diarreas.
- Las pérdidas gastrointestinales, puesto que muchos pacientes sufren vómitos y fístulas que provocan la pérdida de nutrientes (vitaminas y minerales) y líquidos.
- El aumento del requerimiento energético, dado que el proceso inflamatorio sistémico aumenta el metabolismo basal.
- Un catabolismo proteico acelerado, lo que contribuye a la pérdida de masa magra y aumenta las necesidades proteicas.
Déficits más comunes y recomendaciones dietéticas
Además de los déficits nutricionales asociados a la enfermedad, el tratamiento farmacológico para la colitis ulcerosa, que es clave para controlar la inflamación intestinal, también puede conllevar deficiencias nutricionales. Estas deficiencias suelen deberse a que los fármacos dificultan el correcto metabolismo y/o la absorción de nutrientes. Los déficits nutricionales más comunes asociados al tratamiento con fármacos son déficits de ácido fólico y hierro con los aminosalicilatos; calcio, vitamina D, potasio, magnesio y zinc con corticoides; ácido fólico con inmunosupresores; y zinc y selenio con terapia biológica. Esta última también puede aumentar los requerimientos de proteína.
La dieta juega también un papel fundamental en la evolución de la colitis ulcerosa, pudiendo reducir la sintomatología y alargar los períodos de remisión. Seguir un patrón alimentario saludable, como la dieta mediterránea, puede favorecer la reducción de brotes de la enfermedad. Las recomendaciones dietéticas a pacientes con colitis ulcerosa varían en función de la fase de la enfermedad, siendo más restrictivas en momentos de brotes sintomatológicos, y fomentando una dieta más variada en fases de remisión. Hay que tener en cuenta que, cuando un paciente está en fase de remisión, no tiene necesidades nutricionales distintas a las que tendría en ausencia de la enfermedad. Sin embargo, seguir un patrón alimentario saludable, como la dieta mediterránea, puede ofrecer beneficios adicionales a quienes padecen esta enfermedad por sus propiedades antiinflamatorias.
En la actualidad, no existe evidencia suficiente que relacione el consumo de alimentos específicos con el empeoramiento de los brotes de actividad inflamatoria en la colitis ulcerosa. De hecho, a la hora de hacer recomendaciones dietéticas a pacientes con colitis ulcerosa, se hace especial hincapié en prestar atención a los alimentos que el paciente consume, para evitar solo aquellos alimentos que de forma reiterada y sistemática aumenten los síntomas. No obstante, se ha observado que muchos pacientes diagnosticados de enfermedad inflamatoria intestinal experimentan un empeoramiento de los síntomas tras consumir alimentos que presentan alto contenido en grasas y/o fibra.
En el caso de las grasas, la inflamación intestinal puede dificultar su absorción, lo que contribuye a agravar síntomas como dolor abdominal y diarrea. En cuanto a la fibra, se cree que tanto el aumento de residuos fecales como los gases generados por su fermentación podrían intensificar el dolor abdominal en determinados pacientes. Por último, se ha visto que el consumo de alimentos con lactosa podría desencadenar síntomas de la enfermedad en algunos pacientes. El personal sanitario será el responsable de orientar al paciente durante el tratamiento dietético, con el fin de identificar, mediante una dieta de eliminación, aquellos alimentos que no son bien tolerados y que deben evitarse.