El contacto con las sustancias PFAS puede afectar los huesos de los adolescentes – Salud y Medicina
La exposición a PFAS durante etapas claves del desarrollo humano puede tener consecuencias para la salud a largo plazo, lo cual supone una base para tener en cuenta la importancia de aunar esfuerzos para reducir la contaminación en ciertos agentes que pueden contenerlas como el agua potable y los productos de consumo.
Los factores del estilo de vida como la ingesta de calcio y la actividad física aumentan la acumulación de minerales óseos, necesaria durante la adolescencia para gozar de una salud ósea a lo largo de la vida y la prevención de fracturas y osteoporosis en la edad adulta, Sin embargo, la exposición a sustancias químicas ambientales como las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), presentes en el agua, los alimentos y los productos de uso cotidiano, pueden ser contraproducente, al interferir con el desarrollo normal, incluido el crecimiento óseo.
Sobre esta problemática han centrado su estudio un equipo de investigadores de la Escuela de Salud Pública Global UNC Gillings de la Universidad de Carolina del Norte (EEUU), con el objetivo de evaluar las asociaciones de 4 PFAS y su mezcla medidas en suero infantil recolectado al nacer (cordón umbilical) y a los 3, 8 y 12 años.
De los resultados publicados en el ‘Journal of the Endocrine Society’ se desprende que reducir la exposición a las PFAS durante las etapas clave del desarrollo podría favorecer la salud ósea durante toda la vida.
“La adolescencia es un período clave para el desarrollo de huesos fuertes, y alcanzar una masa ósea óptima durante esta etapa puede reducir el riesgo de fracturas y osteoporosis a lo largo de la vida”, tal como señaló, la prof. Jessie P. Buckley, de la Escuela de Salud Pública Global UNC Gillings en Chapel Hill, Carolina del Norte.
Los autores estudiaron las concentraciones sanguíneas de PFAS de 218 adolescentes de una cohorte prospectiva de embarazo y nacimiento, al momento del parto y a los 3, 8 y 12 años de edad. Además, midieron la densidad ósea a los 12 años y encontraron que los adolescentes con niveles más altos de ácido perfluorooctanoico (PFOA) en sangre tenían menor densidad ósea en el antebrazo.
La relación con la densidad ósea varió dependiendo de cuándo se produjeron las exposiciones, lo que sugiere que ciertas etapas del desarrollo pueden ser especialmente vulnerables. En concreto, las asociaciones de PFAS con una menor DMO en adolescentes tendieron a ser más fuertes para los biomarcadores de PFAS medidos a los 8 y 12 años, lo que indica que la exposición a PFAS en la infancia puede tener un mayor impacto que la exposición prenatal. Asimismo, el vínculo de los niveles de PFAS con la densidad ósea fue más fuerte entre las mujeres que entre los hombres.
En cualquier caso, los autores de este trabajo reconocen que se necesitan estudios con seguimiento a largo plazo para determinar si las asociaciones observadas en la adolescencia temprana persisten, desaparecen o se fortalecen a medida que los participantes alcanzan el pico de mineral óseo en la adultez temprana.. J.S.LL./M.T.T.(SyM)