Actividad física y alto riesgo
El ejercicio físico es una intervención terapéutica valiosa incluso en personas consideradas de alto riesgo por su fragilidad, discapacidad neurológica, enfermedad reumatológica, dispositivos cardiacos o cardiopatías complejas. Estas poblaciones suelen presentar una capacidad cardiorrespiratoria reducida, pérdida de fuerza, alteraciones del equilibrio, limitaciones de movilidad y múltiples comorbilidades. Paradójicamente, quienes parten de un peor estado funcional pueden obtener mejoras relativas importantes. El beneficio depende de abandonar las prescripciones uniformes y diseñar programas individualizados que integren ejercicio aeróbico, fuerza, equilibrio y flexibilidad, con progresión, supervisión y adaptaciones técnicas.
En las personas mayores con fragilidad, la prioridad inicial no siempre debe ser aumentar la resistencia aeróbica. La debilidad de las extremidades inferiores, la sarcopenia, la lentitud de la marcha y el miedo a caer pueden impedir que el paciente tolere modalidades convencionales. Resulta más eficaz comenzar con ejercicios de fuerza, equilibrio, transferencias, marcha sobre el suelo y movimientos breves orientados a recuperar potencia. Incluso cargas ligeras para adultos sanos pueden representar un estímulo intenso en este grupo. Los programas multicomponente iniciados durante o poco después de una hospitalización mejoran movilidad, resistencia, confianza para las actividades básicas y calidad de vida, y pueden reducir discapacidad, rehospitalizaciones y mortalidad. La suplementación proteica y la evaluación de la composición corporal, la cognición, el ánimo y las actividades diarias ayudan a potenciar la recuperación.
Tras un accidente cerebrovascular, la inactividad agrava la pérdida de capacidad aeróbica, fuerza, coordinación y equilibrio. Muchos supervivientes permanecen sedentarios la mayor parte del día, pese a que el entrenamiento mejora la velocidad y distancia de marcha, la fuerza, el control postural, la función cognitiva y factores cardiometabólicos. La prescripción debe adaptarse a la hemiparesia, la espasticidad, la fatiga, los trastornos del lenguaje o la alteración cognitiva. Pueden ser necesarios cicloergómetros reclinados, estabilizadores, sujeciones, arneses o sistemas de descarga parcial de peso. Una progresión razonable comienza con actividad ligera durante las primeras semanas, avanza hacia intensidad moderada alrededor de los tres meses y reserva el trabajo intenso para etapas posteriores, según la estabilidad neurológica y cardiovascular. Al menos ocho semanas suelen ser necesarias para observar cambios relevantes.
En la lesión medular, el nivel y la extensión del daño determinan la capacidad física y el tipo de ejercicio posible. Las lesiones incompletas permiten, en ocasiones, entrenamiento con soporte parcial del peso corporal, mientras que la paraplejia o tetraplejia completa exige mayor énfasis en ejercicios de brazos, propulsión de silla, fuerza escapular y estimulación eléctrica de las extremidades inferiores. La frecuencia cardiaca puede ser poco fiable por la disfunción autonómica, de modo que la percepción del esfuerzo adquiere importancia. Las mejoras del consumo máximo de oxígeno son clínicamente significativas, aunque los cambios en presión arterial, composición corporal o biomarcadores cardiovasculares son menos consistentes. El acceso temprano a equipamiento adaptado y programas deportivos inclusivos es esencial para reducir el sedentarismo.
En la artritis reumatoide y la artrosis grave, el dolor y la rigidez no justifican evitar el movimiento. El entrenamiento aeróbico, la fuerza, la movilidad y el ejercicio acuático disminuyen dolor y fatiga, mejoran función y calidad de vida, y pueden reducir la actividad inflamatoria en la artritis reumatoide. En la artrosis de cadera o rodilla, los efectos sobre dolor y función pueden aproximarse a los de tratamientos farmacológicos habituales. La fuerza de las extremidades inferiores es importante, y tanto los ejercicios con carga como sin carga pueden ser útiles. El programa debe ser tolerable y ajustado a las articulaciones afectadas, idealmente tras una evaluación especializada.
Las personas con marcapasos, desfibriladores implantables o terapia de resincronización también pueden entrenar con seguridad. El ejercicio mejora la capacidad aeróbica y la distancia recorrida sin aumentar significativamente las descargas, hospitalizaciones o mortalidad. Es fundamental realizar una prueba de esfuerzo, controlar la frecuencia cardiaca y mantenerla por debajo del umbral de activación del desfibrilador. En los marcapasos puede ser necesario ajustar la respuesta de frecuencia y el límite superior para acompañar adecuadamente el esfuerzo. El miedo a una descarga constituye una barrera frecuente y debe abordarse mediante educación, vigilancia inicial y apoyo psicológico.
En la insuficiencia cardiaca avanzada, los dispositivos de asistencia ventricular izquierda prolongan la supervivencia, pero no eliminan el desacondicionamiento, la fragilidad ni la debilidad muscular. La rehabilitación supervisada puede aumentar la capacidad funcional y mejorar la calidad de vida, aunque exige personal familiarizado con alarmas, baterías, controlador y línea de salida. La presión arterial debe medirse con Doppler y mantenerse en rangos seguros, y el ejercicio debe suspenderse ante alarmas de bajo flujo. Tras el trasplante cardiaco, la denervación produce una frecuencia basal elevada, respuesta lenta al esfuerzo y recuperación tardía. Se requieren calentamientos y enfriamientos prolongados. El entrenamiento aeróbico y de fuerza mejora el consumo de oxígeno, la función vascular, la musculatura y la calidad de vida; los intervalos de alta intensidad pueden aportar beneficios adicionales después de la fase inicial.
Las cardiomiopatías hereditarias exigen una valoración cuidadosa. En la cardiomiopatía hipertrófica, el ejercicio moderado mejora la capacidad aeróbica sin señales claras de daño en pacientes seleccionados, y la actividad intensa puede considerarse tras una evaluación completa y una decisión compartida. En la cardiomiopatía arritmogénica, el ejercicio vigoroso y frecuente puede acelerar la progresión y aumentar las arritmias, sobre todo en determinadas variantes genéticas. En canalopatías como el síndrome de QT largo, la actividad puede ser posible cuando el tratamiento está optimizado, se evitan desencadenantes y existe un plan de emergencia.
El principal desafío no es demostrar que el ejercicio funciona, sino conseguir que llegue a quienes más lo necesitan. La falta de derivación clínica, el miedo, el coste, el transporte, la escasez de programas especializados y la cobertura insuficiente mantienen una participación muy baja. Los modelos domiciliarios, comunitarios y digitales pueden ampliar el acceso, pero deben probarse en poblaciones de mayor riesgo y adaptarse a discapacidades, velocidad de marcha y contexto social. El éxito no debería medirse únicamente mediante consumo de oxígeno o distancia caminada, sino también por independencia, dolor, fatiga, bienestar emocional, participación social y recuperación de actividades significativas. La prescripción verdaderamente efectiva combina seguridad, personalización, accesibilidad y objetivos relevantes para la vida cotidiana.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/07/Exercise-Training-in-High-Risk-Populations.pdf
Referencia completa del artículo:
Fleg JL, Golbus JR, Afilalo J, Cornwell WK 3rd, Cuccurullo S, Dougherty CM, Forman DE, Huffman KM, Khadanga S, Mancini D, Nytrøen K, Reeves GR, Taylor JA; American Heart Association Exercise, Cardiac Rehabilitation, and Sports Cardiology Science Committee of the Council on Clinical Cardiology; Council on Cardiovascular and Stroke Nursing; Council on Cardiovascular Surgery and Anesthesia; Council on Lifelong Congenital Heart Disease and Heart Health in the Young; Council on Quality of Care and Outcomes Research; and Stroke Council. Exercise Training in High-Risk Populations: A Scientific Statement From the American Heart Association. Circulation. 2026 Jul 9. doi: 10.1161/CIR.0000000000001456.