julio 3, 2026

Argentina y Colombia marcan el sendero

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No es normal que el mismo día, con pocas horas de diferencia, dos selecciones enormes candidatas al título mundial tengan partidos para avanzar. Dos “gallos”, como se dice en el fútbol, verán frente a ellos a equipos africanos duros en la marca y en el quite, y aunque no están poblados por virtuosos con la pelota, son rivales con lo que hay que tener el ojo avizor, como se dice en el llano venezolano. Entonces, comenzar por el escuadrón dueño del trono en Catar2022, esta vez ante Cabo Verde. Recordemos aquella jornada en la que Lionel Messi y toda su tropa batieron en una batalla de penales a la Francia de Kylian Mbappé. Los argentinos siguen comandados por Messi, y aunque se dice que a sus jugadores les pueden pegar los años pasados y vividos, ellos saben jugar el Mundial, conocen cómo se camina en el sendero pedregoso y son veteranos en el arte de quitar piedras en su andar. Siguen siendo un seleccionado respetable, y, cómo no, aspirante a regresar otra vez a Buenos Aires con la corona puesta en su lugar…

Y ahora, Colombia. Con un equipo desbordado en jugadores calificados, con un deseo de callar las bocas de los agoreros de siempre, la muchachada de Luis Díaz y James Rodríguez se alista para revertir años de dolor y decepciones. Parecen haber dejado atrás el “complejo Valderrama”, en alusión a la época del Carlos el “Pibe” de tantas glorias que marcó a dos generaciones del fútbol colombiano. Ahora están renovados, renacidos, tienen determinación y guía, y con una defensa sólida y un mediocampo creativo, todo lo harán para sobrar a un equipo de Ghana siempre filoso. Colombia, pues, enorme en su juego, en su capacidad, pudiera convertirse hoy, y de una buena vez, en un cuadro de amplias posibilidades y candidato al premio mayor…

Un aplauso sonoro e interminable para el Mundial y la gente que llena las gradas de Estados Unidos, México y Canadá. En cada partido se hace el silencio respetuoso para Venezuela y su derrota, y fue de verdad conmovedor cómo, antenoche en el partido entre México y Ecuador, las ochenta mil almas del graderío, incluyendo también a jugadores, equipos técnicos, personalidades y dirigentes de la Fifa, agitaron los vientos con aquel “¡No están solo, no están solos!”. Aquellos gritos de dolor y esperanza nos remitieron la venezolanidad, al no doblegarse ante la adversidad, a la dignidad del país entero en procura de sobrevivir y luego volver a ser lo que siempre hemos sido. Fue un coro multitudinario y sincero, más allá del hecho publicitario y apartando egos, reconstruyendo en sus gargantas la patria herida, pero nunca entregada.

Nos vemos por ahí.

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