Atletas máster y envejecimiento – Fisiología del Ejercicio by Dr. López Chicharro

El artículo analiza cómo el envejecimiento afecta el rendimiento físico humano y qué papel desempeña el ejercicio continuo para ralentizar este deterioro.
El rendimiento físico humano sigue una trayectoria biológica relativamente predecible. Durante la infancia y la adolescencia, las capacidades físicas aumentan progresivamente hasta alcanzar un máximo alrededor de los 30 o 35 años. A partir de ese momento comienza un descenso gradual que se vuelve más evidente con el envejecimiento. Este deterioro afecta tanto la fuerza como la potencia, la velocidad y la resistencia, y está relacionado con la pérdida de masa muscular, la disminución de la calidad del tejido muscular y el deterioro de múltiples sistemas fisiológicos.
Los autores destacan especialmente los estudios pioneros de Paolo Gava y colaboradores, quienes demostraron que, en ausencia de enfermedades o traumatismos importantes, la pérdida de rendimiento en atletas veteranos sigue una trayectoria sorprendentemente lineal entre los 30 y los 100 años. Esta observación es importante porque sugiere que el envejecimiento no implica necesariamente una caída brusca o caótica del rendimiento físico, sino un descenso relativamente regular y cuantificable. Además, Gava desarrolló un método matemático para comparar el rendimiento entre disciplinas y sexos mediante parámetros normalizados de potencia mecánica. Gracias a este enfoque se observó que hombres y mujeres muestran patrones muy similares de deterioro físico con la edad, especialmente en pruebas de resistencia.
El artículo describe después las distintas etapas del deterioro físico asociado al envejecimiento. Entre los 30 y los 50 años los cambios suelen ser leves y apenas perceptibles en la vida cotidiana. Sin embargo, ya comienzan a aparecer alteraciones fisiológicas importantes: disminución progresiva de fibras musculares rápidas, infiltración grasa en el músculo, fibrosis y descenso de hormonas anabólicas como testosterona, hormona de crecimiento e IGF-1. También se producen cambios neuromusculares iniciales, como una ligera reducción de la velocidad de conducción nerviosa y de la coordinación motora. Aun así, esta etapa es considerada una “ventana de oportunidad” para la prevención, ya que muchas de estas modificaciones todavía pueden ser contrarrestadas mediante ejercicio físico regular, buena nutrición y estrategias adecuadas de recuperación.
Después de los 50 años el deterioro se vuelve más marcado y generalmente sigue un patrón lineal. La sarcopenia —pérdida de masa muscular— y la dinapenia —pérdida de fuerza— se intensifican, mientras disminuyen la capacidad cardiovascular y respiratoria. Como consecuencia, la persona pierde capacidad para generar fuerza, mantener esfuerzos prolongados y recuperarse eficazmente tras el ejercicio. En edades aún más avanzadas, especialmente a partir de los 70 años, la disminución funcional se acelera. Se produce una pérdida importante de neuronas y unidades motoras, aumenta la inflamación crónica relacionada con la edad y aparecen enfermedades asociadas, como diabetes o patologías cardiovasculares, que agravan aún más la reducción de movilidad y rendimiento.
No todas las capacidades físicas envejecen de la misma manera. Las actividades basadas en resistencia, como las carreras de larga distancia o el ciclismo, tienden a deteriorarse más lentamente que aquellas que dependen de fuerza explosiva o potencia, como los saltos y lanzamientos. Esto se debe a que el envejecimiento afecta especialmente a las fibras musculares rápidas y a la función neuromuscular. Por ello, las pruebas de potencia muestran un deterioro más precoz y pronunciado.
En este contexto, los atletas veteranos constituyen un modelo excepcional de envejecimiento saludable. Gracias a décadas de entrenamiento continuo, mantienen mayores niveles de capacidad aeróbica, fuerza muscular y salud metabólica que las personas sedentarias de la misma edad. Los estudios citados muestran que el VO₂ máximo en adultos activos disminuye aproximadamente un 5 % por década, mientras que en personas sedentarias el descenso ronda el 10 %. Los atletas master también conservan mejor el volumen sistólico cardíaco, la función neuromuscular y la masa muscular. Aunque el envejecimiento sigue afectándolos, el deterioro aparece más tarde y progresa más lentamente.
El artículo revisa también los efectos del ejercicio sobre distintos sistemas fisiológicos. En el sistema nervioso y cognitivo, el entrenamiento aeróbico regular parece proteger la estructura cerebral. Los atletas veteranos muestran mayor volumen cortical y menos lesiones de sustancia blanca en comparación con adultos sedentarios. Además, el ejercicio favorece una mejor perfusión cerebral y ayuda a retrasar el deterioro cognitivo y el riesgo de demencia.
En el sistema neuromuscular, aunque la pérdida de motoneuronas y unidades motoras es inevitable, los atletas mantienen una mejor activación muscular y menor acumulación de especies reactivas de oxígeno gracias a adaptaciones antioxidantes inducidas por el entrenamiento de larga duración. La fuerza y la potencia disminuyen con la edad, pero el punto de partida es mucho más alto en los atletas entrenados, lo que les permite conservar una mejor funcionalidad durante más tiempo.
Respecto al sistema cardiovascular, el envejecimiento provoca disminución del flujo sanguíneo, reducción de la frecuencia cardíaca máxima y menor VO₂ máximo. Sin embargo, los atletas master mantienen una mejor capacidad funcional cardiovascular y menor rigidez arterial. No obstante, el artículo advierte que el entrenamiento extremo de resistencia podría asociarse con ciertos riesgos, como fibrilación auricular o mayor calcificación coronaria, aunque en general el pronóstico cardiovascular sigue siendo mejor que en individuos sedentarios.
Otro aspecto importante es la salud ósea. El envejecimiento conduce a una pérdida progresiva de densidad mineral ósea y aumento del riesgo de osteoporosis. Las actividades con impacto mecánico elevado, como sprint o levantamiento de pesas, estimulan la adaptación del hueso y permiten conservar mejor la densidad ósea. Los atletas veteranos muestran huesos más fuertes y densos que la población general, especialmente cuando han practicado actividad física intensa desde edades tempranas.
El artículo dedica una sección específica a las diferencias entre hombres y mujeres. Los hombres presentan ventajas absolutas en fuerza y potencia debido a mayor masa muscular, testosterona y proporción de fibras rápidas. Sin embargo, las diferencias son menores en pruebas de resistencia, donde las mujeres muestran mejor resistencia a la fatiga y recuperación más rápida en ciertos contextos. Con el envejecimiento, la diferencia de rendimiento entre sexos tiende a reducirse, especialmente en disciplinas de resistencia. Los estudios normalizados de Gava indican que las trayectorias de deterioro son sorprendentemente similares entre hombres y mujeres, lo que sugiere que los mecanismos biológicos básicos del envejecimiento son compartidos.
Finalmente, los autores concluyen que el envejecimiento es inevitable, pero la velocidad de deterioro físico puede modificarse significativamente mediante actividad física sostenida. Los atletas master demuestran que el ejercicio continuo preserva durante décadas la función muscular, cardiovascular, ósea y cognitiva. Por ello, el entrenamiento combinado de resistencia, fuerza y potencia se considera la estrategia más eficaz para retrasar la fragilidad, mantener la independencia funcional y mejorar la calidad de vida durante la vejez. Además, el estudio de estos atletas permite comprender mejor los mecanismos biológicos del envejecimiento y diseñar intervenciones preventivas más eficaces para toda la población.
Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/05/Changes-in-physical-performance-with-aging-in-master-athletes-a.pdf
Referencia completa del artículo:
Hassani M, Renzini A, Nguyen L, Coletti D. Changes in physical performance with aging in master athletes and in the general population: an update. Eur J Transl Myol. 2026 May 13. doi: 10.4081/ejtm.2026.14884.