abril 15, 2026

Buenos presagios y sub-17 en duda

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Los primeros resultados en las copas internacionales han sido de magníficos y esperanzadores augurios para el fútbol venezolano. Han levantado prematuras polvaredas de entusiasmo entre la gente, que ya saca cuentas de futuros posibles.

Tras el uno a uno de La Guaira ante el Fluminense en el estadio Olímpico y el armisticio del Caracas ante el Botafogo en Río de Janeiro, ambos en ronda de grupos en la Copa Libertadores, todo han sido abrazos tibios y sonrisas cautelosas porque, al final de cuentas, el pasado está ahí, latiendo, y ha quedado a través de los tiempos marcado como una lección. “Ya va, ya va”, parece decir. En el otro frente, la Suramericana, victorias importantes de UCV ante Libertad de Paraguay y, especialmente, la de Puerto Cabello sobre el linajudo Atlético Mineiro. Para completar la faena, el Carabobo, en fase previa del mismo torneo, batió al Huachipato chileno. En el inventario, dos igualadas y tres victorias en una jornada de buen decir…

Por los mismos días, la Vinotinto sub-17 pegó un salto atrás en una categoría en la que había dado firmes pasos en procura de llegar a la élite de la edad. Veamos lo que pasó en Paraguay: solo ganó un partido, ante Chile, una selección que desde el minuto ocho y por expulsión, debió aguantar el chaparrón con diez jugadores.

Derrotas esperadas ante Argentina y Brasil fueron marcando el camino, mas no fue ahí donde estuvo la caída en su dos a dos ante Bolivia. ¿Hacía cuánto tiempo que Venezuela no desbordaba a los bolivianos, desde cuándo no podía superar, en las categorías regidas por las edades, al uniforme verde del altiplano? La Vinotinto, ya casi acostumbrada a bregar por los lugares de importancia, apenas terminó cuarta en un grupo de cinco. No se le vio un fútbol con algunos conceptos que parecían inculcados, y ahora perdidos, sin claridad para tejer y construir y con mucho humo enceguecedor en el frente del ataque…

Pero, en descarga para el equipo y para Johnny Ferreira, su conductor, habría que hablar de los tránsfugas que suelen ser estos jugadores por causa de sus edades, de su desarrollo en progreso; casi nunca sucede que se pueda ver a uno de ellos en dos torneos de la misma edad: saltan al sub-20 y por ahí va todo. Entonces, la deficiente actuación en el Suramericano no es para preocupar, pero tampoco para tirar a un lado. Los campeonatos de edades van y vienen, y de súbito, en el próximo, Venezuela se acuerda y da el gran palo a punta de fútbol y sin que sea un milagro el que empuje y convierta los goles.

Nos vemos por ahí.

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