junio 6, 2026

cómo la alimentación y las plantas medicinales pueden ayudar a reducir la inflamación respiratoria – Salud y Medicina

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Con la llegada de la primavera y el aumento del polen en el ambiente, muchas personas con asma notan un empeoramiento de sus síntomas respiratorios. Tos, sensación de falta de aire, opresión en el pecho o sibilancias son algunos de los signos más habituales de una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo.

El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias en la que los bronquios se inflaman, se vuelven más sensibles y reaccionan de forma exagerada ante estímulos como el polen, los ácaros o el humo. Esta reacción provoca que los bronquios se estrechen, produzcan más mucosidad y dificulten la respiración. “Cuando hablamos de asma hablamos de una respuesta inmunológica exagerada del organismo”, concreta, el presidente de la Asociación Nacional de Profesionales y Autónomos de las Terapias Naturales, Roberto San Antonio-Abad.

En muchos casos, esta respuesta está relacionada con la inmunoglobulina E (IgE), un anticuerpo que interviene en las reacciones alérgicas. Cuando el sistema inmunitario detecta un alérgeno, se activan células inmunitarias que liberan sustancias inflamatorias como la histamina, provocando la contracción de los bronquios. “Es como si el sistema de alarma del cuerpo reaccionara no solo ante una amenaza real, sino también ante estímulos que en principio no deberían ser peligrosos”, subraya San Antonio-Abad.

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Más allá del inhalador

El tratamiento del asma incluye medicación inhalada para controlar las crisis y reducir la inflamación de las vías respiratorias. Sin embargo, recuerdan que el contexto inflamatorio del organismo también puede influir en la evolución de la enfermedad. “El inhalador trata la crisis, pero no trata el terreno inflamatorio en el que esa crisis aparece”, señala.

Por ello, junto al tratamiento médico, algunos hábitos de vida pueden contribuir a mejorar el equilibrio del sistema inmunitario. La alimentación es uno de los factores que puede influir en el nivel de inflamación del organismo. Una dieta rica en alimentos ultraprocesados, azúcares refinados o grasas trans puede favorecer procesos inflamatorios.

Por el contrario, una alimentación basada en verduras, frutas frescas, legumbres, pescado azul, frutos secos y aceite de oliva virgen extra se asocia con un menor nivel de inflamación sistémica.

Además, nutrientes como los ácidos grasos omega-3 participan en la producción de mediadores antiinflamatorios en el organismo.

Otro factor que está despertando interés en la investigación es la relación entre la microbiota intestinal y el sistema respiratorio. “Gran parte del sistema inmunitario vive en el intestino”, destaca San Antonio-Abad. Así, una microbiota alterada puede influir en la respuesta alérgica y en la reactividad inflamatoria del organismo, por lo que hábitos como aumentar la ingesta de fibra vegetal o priorizar alimentos frescos pueden contribuir al equilibrio del sistema inmunitario.

Además de los hábitos alimentarios, algunas plantas utilizadas tradicionalmente pueden desempeñar un papel complementario en el apoyo al sistema inmunitario. Entre ellas destacan la Nigella sativa, que contiene timoquinona y ha sido estudiada por su posible papel modulador en procesos inflamatorios; la Boswellia serrata, tradicionalmente utilizada en procesos inflamatorios crónicos; y la quercetina, un flavonoide presente en alimentos como la cebolla o la manzana que ha sido estudiado por su posible papel modulador en la respuesta alérgica. J.S. LL. (SyM)

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