julio 18, 2026

Dos sueños en el final de los finales

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Para España y Argentina ha llegado el fin de la autopista. Solo uno podrá pasar, mientras el otro quedará mirando al vacío y pensando en aquella maravillosa canción de Los Beatles: “El largo y sinuoso camino”. Ha sido un tránsito extenuante, una gestión de partidos con durezas y facilidades, con jugadores que han dejado el alma y lesionados, pero al final de los finales aquí están suramericanos y europeos tratando de demostrar en dónde está parado cada uno. Elegir entre uno u otro debe ser una de las tareas de adivinación propias de los grandes conocedores del universo. Son fuerzas parecidas por lo diferentes, aunque suene a contradicción. Los españoles, con un esquema táctico inviolable que enloqueció a Francia, y los argentinos con ese arrojo que los ha hecho superar dificultades y apartar piedras del camino. Así están las cosas. Cada uno con su verdad, con sus posibilidades intactas…

Mañana en Nueva Jersey emergerá un nuevo campeón, y entonces comenzará otra vez, como si fuera el agua de la noria, el fútbol del porvenir. Ya los equipos de Europa comienzan a desperezar a sus adormecidos jugadores, a construir sueños según el afán y aspiraciones de cada uno, mientras que por este lado del mundo, la América de tantas promesas, se sigue esperando en un mañana mejor. A su vez, en España se piensa fijamente en su segundo título mundial luego del alcanzado en Suráfrica2010, mientras que en Argentina la gente está segura de que la cuarta corona se paseará por Buenos Aires con aura triunfal. Han llegado a la decisión lo que tenían que llegar; cada uno con su prédica, cada quien con sus sólidos argumentos para un partido en el que el mejor borde el juego, el que con inteligencia y sabiduría sepa capitalizar los errores del otro, emergerá. Vamos a ver, se dice entonces…

Y mientras los colosos del mundo disputan la supremacía, habrá que mirar hacia adentro. El fútbol nacional, a veces tan olvidado por la opinión pública, por los medios de comunicación, es más, bastante más que lo que se cree. La afición venezolana, hipnotizada por los medios internacionales, han echado al territorio de los olvidos lo que por aquí se juega, lo que por aquí se construye, sin echar una ojeada a los partidos de cada domingo. Es tiempo de otear, introspectivamente, hacia el país, hacia los desolados estadios nacionales para darle la mano al fútbol nuestro de cada día. Seria una estupenda manera de comenzar a tejer, a crecer, a mirar hacia el ancho horizonte y alcanzar el botín que esconde el arco iris: el Mundial de 2030.

Nos vemos por ahí.

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