julio 6, 2026
Ejercicio-y-cancer-de-mama.png

El cáncer de mama constituye una causa importante de enfermedad y mortalidad. Aunque la supervivencia a cinco años supera el 90 % en los estadios localizados, el final del tratamiento no siempre implica recuperación plena. La fatiga persistente, la reducción de masa magra, la pérdida de fuerza y el deterioro de la función física pueden prolongarse durante meses o años. Estas alteraciones aumentan la carga de síntomas, reducen la calidad de vida y se asocian con peores desenlaces clínicos. Por ello, el ejercicio se ha consolidado como una intervención terapéutica durante y después del tratamiento oncológico.

Las recomendaciones internacionales proponen combinar actividad aeróbica moderada con al menos dos sesiones de fuerza. Sin embargo, una recomendación general no resuelve una cuestión decisiva: cuál es la cantidad suficiente para lograr beneficios y cuándo un mayor volumen deja de aportarlos. La relación entre dosis y respuesta no sigue una línea recta. Existe una ventana terapéutica en la que pequeñas dosis iniciales producen cambios medibles, mientras que los incrementos posteriores ofrecen ganancias progresivamente menores o diferentes según el objetivo.

En conjunto, las mayores ventajas para la fatiga y la masa magra se alcanzan con programas combinados de trabajo aeróbico y de fuerza. El entrenamiento de fuerza aislado destaca, en cambio, para recuperar la función física y aumentar la fuerza muscular de los miembros inferiores. El ejercicio aeróbico también aporta beneficios, pero suele mostrar efectos menores en estos resultados. Las mejoras comienzan con una dosis semanal baja: entre 10 y 40 minutos de actividad moderada. El ejercicio combinado puede reducir de forma significativa la fatiga con unos 18 MET-minutos por semana y mejorar la masa magra con alrededor de 11; el trabajo de fuerza alcanza beneficios funcionales y de fuerza muscular desde unos 7–8 MET-minutos semanales.

A medida que se incrementa la dosis, la disminución de la fatiga tiende a estabilizarse. En el ejercicio combinado, ese techo aparece alrededor de 1428 MET-minutos por semana; a partir de ese volumen, añadir más actividad no aporta ventajas adicionales para este síntoma. También se observan mesetas para algunos resultados y modalidades. No obstante, la masa magra con programas combinados y la fuerza con entrenamiento de resistencia continuaron mejorando dentro del rango evaluado, sin un límite claro. Esta diferencia indica que el objetivo clínico debe orientar la prescripción: aliviar la fatiga no exige necesariamente grandes volúmenes, mientras que preservar o recuperar la musculatura puede justificar una progresión más sostenida.

La respuesta temprana a dosis modestas puede explicarse por el desacondicionamiento frecuente y por adaptaciones neuromusculares y metabólicas rápidas al iniciar el ejercicio. Sin embargo, la fatiga, la inflamación, la toxicidad de los tratamientos y una menor capacidad de recuperación pueden limitar la tolerancia a cargas elevadas. De ahí la necesidad de progresar según síntomas, etapa del tratamiento, estado funcional, preferencias y objetivos personales. Incluso cuando no es posible completar el volumen planificado, las dosis bajas conservan valor clínico. Un programa factible, seguro y adaptable puede favorecer la adherencia, proteger la independencia funcional y contribuir a una recuperación más sostenible.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/07/Lopez_et_al-2026_BMJ.pdf

Referencia completa del artículo:

Lopez P, Petropoulou M, Radaelli R, Silveira CB, Molinari T, Torres Muller C, Casara P, Bettariga F, Singh F, Buffart LM, Rech A. Optimising exercise prescription for cancer-related fatigue, lean mass, physical function and muscle strength in women with breast cancer: a systematic review with dose-response network meta-analysis. Br J Sports Med. 2026 Jun 23:bjsports-2025-111276. doi: 10.1136/bjsports-2025-111276.

Ver fuente