Excursión a la última mina de hierro de Vizcaya
¿Qué sería del País Vasco sin el hierro? Desde la Antigüedad, el desarrollo económico de su siderurgia ha estado estrechamente vinculada a este mineral. La última mina en funcionamiento de Vizcaya fue la de Gallarta, en el municipio de Abanto-Zierbena. Cerró hace más de 30 años, pero ha dejado un paisaje de naturaleza antrópica de gran espectacularidad.
Ir hoy a Gallarta es visitar un lugar agridulce, es un pueblo que no podemos catalogar de bonito, pero que es muy interesante por su historia y por el mirador -impactante y desolador- hacia el yacimiento. Fue una de las mayores minas a cielo abierto de Europa. Es un extenso vacío que recuerda que el hallazgo del hierro provocó el derrumbe y nueva construcción de un importante número de viviendas del pueblo.
Un pueblo que se “mudó” por el hallazgo de hierro
Para entender la Gallarta de hoy, hay que recordar la fiebre del hierro vizcaína. A partir de 1876 se inició una rápida expansión de la producción de este mineral gracias al permiso de la explotación ilimitada de las minas. El margen izquierdo del Nervión resultó ser una despensa formidable que ayudó a forjar auténticas fortunas erigiendo industrias, altos hornos, astilleros y puertos. Gallarta estaba, literalmente, encima de parte de ese tesoro.
En 1956 se inició la expropiación forzosa con el desalojo de sus habitantes y el derribo de las viviendas de la parte alta. Comenzaría una explotación minera que combinaría el trabajo a cielo abierto con una impresionante red de galerías subterráneas. Entre las viviendas expropiadas y demolidas para abrir paso a la mina estaba, precisamente, la casa de Dolores Ibárruri, en la calle Peñucas.
Conocida como la Pasionaria, llegó a ser dirigente del Partido Comunista español entre 1942 y 1989, convirtiéndose en la primera mujer que dirigió un partido político en España. Relacionado con su carrera política, hay que decir que las duras condiciones laborales de la minería hicieron que Gallarta fuera pionera en la organización sindical en Vizcaya.
En 1956 se derribaron las viviendas de la parte alta de Gallarta para iniciar una explotación minera que combinaría el trabajo a cielo abierto con una impresionante red de galerías subterráneas
En la actualidad, hay que admitir que Gallarta no es un pueblo bonito en el sentido convencional. Sí lo es en otro sentido: en el de los lugares que han pagado un precio enorme por el desarrollo económico y que guardan en sus cicatrices una dignidad que no se encuentra en los destinos de postal.
El mirador de la mina: asomarse al abismo
El mejor lugar para empaparse de la relevancia histórica de la mina de Gallarta y observarla directamente es Meatzaldea, el Museo de la Minería del País Vasco. Ofrece visitas guiadas que recorren las salas con documentos y elementos propios de la vida en el subsuelo; fotografías que recuerdan cómo se trabajaba de sol a sol y que delatan que incluso lo hacían niños; la cantina minera; la maqueta del antiguo pueblo de Gallarta; y maquinaria de mayor dimensión relacionada con la extracción, transporte y tratamiento del hierro.
Ahora bien, el lugar más sobrecogedor es el mirador de la mina Concha II. Ahí el visitante se enfrenta al paisaje lunar de la que en su día fue la mayor mina a cielo abierto de Europa. Se extiende con una grandeza que el cerebro tarda unos segundos en procesar: un enorme hueco con paredes cubiertas del color rojizo de la siderita o carbonato, uno de los cuatro minerales de hierro de la zona, y que alcanza los 20 metros bajo el nivel del mar.
Pero lo que se ve desde arriba es solo una pequeña parte de la explotación que cerró en 1993 y que horadó más de 50 kilómetros, con 60 cámaras de unos 25 metros de altura y 100 de anchura (en cada una de ellas cabría la catedral de Burgos). Fue la última mina que estuvo en funcionamiento en Vizcaya y en ella se excavaron 8 millones de metros cúbicos.
Descubrir el paisaje minero de la vía verde de los Montes de Hierro
Salir del museo y recorrer el entorno es adentrarse en un territorio que parece de otro planeta. El tipo de explotación llevada a cabo fue en su mayoría a cielo abierto, un trabajo que provocó un impacto ambiental de primera magnitud: la total desaparición de todas las formas de vida, tanto vegetal como animal. Los desmontes y las voladuras dejaron un paisaje similar al que podemos observar en fotos y documentales sobre la luna, de ahí que a menudo se apele a que es un «paisaje lunar».
Con el cierre y con el paso del tiempo, la naturaleza ha ido recuperando poco a poco su espacio. El verde ha vuelto a brotar y las antiguas minas inundadas por aguas subterráneas se han convertido en lagos artificiales que, junto a los restos de infraestructuras, han dejado un paisaje transformado por el ser humano de lo más peculiar.
Los amantes del pasado industrial vasco pueden descubrirlo a un ritmo pausado y en contacto directo con la naturaleza con la vía verde de los Montes de Hierro y la vía verde de Itsaslur. Suman 39 kilómetros de longitud y son ideales para hacer en bici o a pie completa o por tramos. Conectan los municipios de Traslaviña (Artzentales) y Kobaron (Muskiz), pasando por Gallarta y visitando un amplio legado de vestigios mineros como los hornos de calcinación de Sopuerta, diferentes minas y ferrerías.
Asistir a una forja en directo
Otra visita imprescindible para los interesados en la huella que ha dejado el hierro en el País Vasco está en el interior de Guipúzcoa. Se trata del Museo del Hierro Vasco de Legazpi, que es mucho más que un edificio con explicaciones históricas: lo complementa un bonito parque en el que está el único frontón de hierro del mundo y la ferrería de Mirandaola.
Aquí se puede presenciar lo más impresionante: los ferrones, que van vestidos de época como en el siglo XVI, activan la gran cascada de agua que mueve los ejes del molino y ponen en marcha fuelles y martillo, hasta que sacan del horno una pieza al rojo vivo y comienzan a martillearlo.
Cómo llegar a la mina de Gallarta
El Museo de la Minería del País Vasco se encuentra en el barrio de Campodiego, en Gallarta. Desde Bilbao se accede cómodamente en autobús o en coche por la autopista A-8, en apenas media hora. Con tiempo y buenas piernas —o una bicicleta—, también se puede recorrer la vía verde que conecta Gallarta con el resto de la zona minera. Puede combinarse con una visita a la playa de la Arena, en la ría del Barbadun, un destino habitual de surferos, a poco más de ocho kilómetros.
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.