Farías, Páez: El pasado se hizo presente
En “Volver al futuro”, la película dirigida por Robert Zemeckis y creada por Steven Spielberg, se las ingeniaron para construir un imaginativo relato y llevar a los protagonistas, Doc Brown, un viejo, y Marty, un muchacho, de un momento actual (corría 1985) al pasado y regresar al presente que llamaron futuro. Así parecían estar César Farías y Richard Páez, los dos directores técnicos que “inventaron” la ilusión de Venezuela con la Vinotinto. Ellos dos, curtidos en experiencias y encaramados en el corcel indómito de los deseos por cumplir, han marchado en procura de nuevas victorias en campos ya conocidos: Farías al Barcelona de Guayaquil luego se haber hecho campeón al modesto Aucas, y Páez al Cúcuta Deportivo, después de haber llevado al título al Millonarios de Bogotá hace algunos años…
Llevados por el mismo hilo del destino, los dos tutores estaban a un lado del carrusel. Farías, un verdadero trotamundos del fútbol, dejó la dirección después de haber dirigido al Junior de Barranquilla, su tercer equipo en Colombia, y estaba en Venezuela merodeando porque se decía que iba a ser el conductor de la Vinotinto. Al final, la selección tomó una diferente deriva, y Farías, técnico bien considerado internacionalmente, está ahora en la cotidianidad del Barcelona. Días después reventó la otra noticia: Páez al Norte de Santander. Desde hacía algunos años lejos de las canchas y viviendo en Estados Unidos, le llegó la buena nueva.
Había sido “cabeza de área” del Millonarios, y se llegó a pensar que el fútbol era parte de su pasado. Se pensó, pero no él, quien vivía pendiente de “la pasión fútbol”, y ahora anda por ahí, respirando canchas y uniformes, teniendo entre manos a un equipo pequeño, con corto presupuesto y nuevo en la primera división. El conocimiento no pasa de moda, ni hay inteligencia artificial que lo suplante. Y César Farías y Richard Páez lo tienen de sobra…
Dos comentarios: El domingo, con toda su magnificencia, su charm exagerado, seguimos el Super Bowl. Viendo el partido, los jugadores, el público delirante, nos llegó aquella impresión que no hay nada que explique con más propiedad el espíritu estadounidense. El fútbol americano es su deporte propio, la cima de la montaña de manifestaciones culturales a las que nos cuesta entender. Y ahora, hablemos de Bad Bunny. Aclamado, querido y odiado, lo vemos indefinido, en el medio de las cosas, como tratando de balancearse sin caer.
No lo podemos definir políticamente, canta en español no sabemos si para congraciarse con América Latina y el público consumidor, ni tampoco su posición ante la sociedad: ama a la mujer, desprecia con su canto a la mujer. Es una expresión de la nueva era, y así lo llevan las empresas publicitarias que lo aúpan. ¿Es o no un producto o un artista?
Nos vemos por ahí.