Gorkys Hernández con un bate intacto y feroz
El diamante de la Liga Mayor de Béisbol Profesional (LMBP) no solo es un escenario de fuerza, sino un lienzo donde la veteranía pinta sus mejores obras.
Gorkys Hernández, patrullero central de Delfines de La Guaira, encarna esa mística del pelotero que, como el buen vino, perfecciona su esencia con el paso del almanaque. Tras un inicio tormentoso en la tabla, el conjunto litoralense ha enderezado el rumbo, guiado por la brújula de la experiencia de su jardinero estrella.
“Empezamos mal, como todo equipo que encalla en una mala racha, pero gracias a Dios hemos encajado”, confiesa Hernández. Para el guardabosques, la marea baja ya quedó atrás. El equipo ha vuelto a afilar las garras para pelear los puestos de vanguardia, sin subestimar a ningún rival, entendiendo que el terreno es un juez implacable que exige el máximo tributo diario en forma de carreras y esfuerzo.
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Si en el pasado su guante era una red elegante que atrapaba la fatalidad del rival en el aire, los últimos años han sido el renacimiento de su madero. Campeón bate en la LVBP con Tigres de Aragua, Gorkys ha transformado su ofensiva en un estilete maduro. “Es la experiencia, el enfoque de buscar el pitcheo adecuado”, señala, atribuyendo su brillo actual a una constancia labrada con cincel junto a diversos instructores. Su bate, intacto y feroz, parece no conocer las arrugas del tiempo.
Actualmente el oriundo de Guiria cuenta con una línea ofensiva de .364/.517/.464, con un jonrón, 11 empujadas, 32 anotadas y 11 bases robadas.
Al mirar el retrovisor de su carrera y evocar su paso por las Grandes Ligas con Gigantes de San Francisco, Piratas de Pittsburgh, Marlins de Miami y Medias Rojos de Boston, el jardinero reflexionó con una madurez desprovista de melancolía. Atribuye la falta de permanencia no a sus condiciones, sino a los hilos invisibles del negocio y a la ausencia de un agente que batallara en los escritorios con la misma fiereza con la que él defendía la pradera.
“El tiempo de Dios es perfecto. Viví seis años una experiencia hermosa y hoy la salud es mi mayor fortuna”, afirma con la paz del deber cumplido.