Inmersión en agua fría y caliente tras la carrera: efectos diferenciales sobre la recuperación

Dutra YM, Mendonça PT, Cheng AJ, Murias JM, Zagatto AM. Hot- and Cold-Water Immersion Do Not Alter Performance or Perceived Fatigability but Improve Muscle Activation, Cardiac Vagal Modulation, and Cardiorespiratory Recovery After Distinct Running Protocols. Scand J Med Sci Sports. 2025 Dec;35(12):e70191. doi: 10.1111/sms.70191.
El entrenamiento de carrera de alta intensidad y de resistencia constituye un componente esencial tanto en deportes individuales como colectivos, pero conlleva un elevado estrés mecánico y metabólico que desemboca en un estado transitorio de fatigabilidad. Este concepto se entiende actualmente como un fenómeno multidimensional que integra tres grandes dominios: la disminución de la capacidad de generar fuerza (fatigabilidad del rendimiento), las sensaciones subjetivas de cansancio, dolor o malestar (fatigabilidad percibida) y las alteraciones homeostáticas, entre las que destacan los desequilibrios del sistema nervioso autónomo, particularmente a nivel cardíaco.
Dependiendo de la magnitud y naturaleza del estímulo, la fatigabilidad puede persistir desde minutos hasta varios días, comprometiendo el rendimiento posterior y aumentando el riesgo de lesión. En este contexto, las estrategias de recuperación postejercicio han adquirido una relevancia creciente en el ámbito del entrenamiento y la competición. Entre ellas, la inmersión en agua fría (CWI) y la inmersión en agua caliente (HWI) se utilizan de forma habitual, pese a que la evidencia científica disponible muestra resultados heterogéneos y, en ocasiones, contradictorios.
Desde un punto de vista fisiológico, tanto la CWI como la HWI inducen respuestas bien diferenciadas. La CWI reduce la temperatura muscular y el flujo sanguíneo periférico, genera una redistribución del volumen sanguíneo hacia el compartimento central y activa canales termosensibles como el TRPM8. Estas respuestas se han asociado con una reducción transitoria de la inflamación, una posible atenuación del daño muscular, una disminución del dolor y una mejora de la modulación vagal cardíaca. Sin embargo, el descenso de la temperatura muscular también podría interferir negativamente en la recuperación de la fuerza voluntaria y la capacidad de producción rápida de fuerza en las horas posteriores al ejercicio.
Por el contrario, la HWI incrementa la temperatura muscular y cutánea, lo que puede mejorar la liberación y sensibilidad al calcio a nivel miofibrilar, favorecer la función contráctil y facilitar el mantenimiento del rendimiento. No obstante, el calor puede reducir la modulación vagal cardíaca y, si se combina con ejercicios muy intensos, exacerbar el estrés térmico, comprometiendo la recuperación autonómica.
Un aspecto clave que destaca la literatura previa es que los efectos de estas estrategias de recuperación no son uniformes, sino que dependen tanto del tipo de ejercicio realizado como del componente específico de la fatigabilidad que se evalúe. A pesar de ello, pocos estudios han analizado de forma sistemática cómo la CWI y la HWI interactúan con distintos protocolos de carrera y con diferentes marcadores de fatigabilidad (neuromusculares, autonómicos, perceptivos y cardiorrespiratorios).
Por este motivo, el objetivo principal del estudio fue analizar los efectos de la CWI y la HWI sobre múltiples componentes de la fatigabilidad tras dos protocolos de carrera claramente diferenciados: una carrera continua a la velocidad asociada al punto de compensación respiratoria (CONT100%RCP) y un protocolo de carrera intermitente de alta intensidad al 150% de dicha velocidad (HIIT150%RCP). Los autores plantearon como hipótesis que la CWI sería más eficaz tras el protocolo intermitente de alta intensidad, mientras que la HWI mostraría mayores beneficios tras la carrera continua, especialmente sobre la capacidad de generar fuerza.
Discusión
Los principales hallazgos del estudio muestran que ni la inmersión en agua fría ni la inmersión en agua caliente mejoraron los indicadores clásicos de rendimiento neuromuscular (fuerza voluntaria máxima, fuerza evocada o rendimiento en el salto) ni redujeron la fatigabilidad percibida o las alteraciones del estado de ánimo, independientemente del protocolo de carrera realizado. Estos resultados sugieren que, al menos en corredores entrenados recreacionales, estas estrategias no son eficaces para restaurar de forma aguda la capacidad de rendimiento máximo tras esfuerzos de carrera exigentes.
No obstante, el estudio aporta hallazgos novedosos y clínicamente relevantes al demostrar que tanto la CWI como la HWI pueden modular de forma selectiva otros componentes de la fatigabilidad, en función del tipo de ejercicio previo. En concreto, ambas estrategias mejoraron la activación del vasto lateral durante las contracciones voluntarias máximas, aunque este efecto fue dependiente del protocolo: la HWI fue eficaz tras la carrera continua, mientras que la CWI lo fue tras el protocolo intermitente de alta intensidad.
Los autores interpretan estos resultados como una respuesta compensatoria del sistema nervioso central para mantener la producción de fuerza en un contexto de fatiga. Tras la carrera continua, caracterizada por ciclos repetidos de estiramiento-acortamiento y un menor grado de daño muscular, se ha descrito una reducción de la facilitación aferente Ia, lo que limita la activación motoneuronal. El aumento de la temperatura muscular inducido por la HWI podría restaurar parcialmente esta facilitación refleja, mejorando la activación muscular.
En cambio, el protocolo HIIT150%RCP se caracteriza por mayores velocidades de carrera y un mayor potencial de microtraumatismo muscular. En este escenario, la reducción de la amplitud de la onda M observada sugiere una alteración de la integridad de la membrana muscular. La CWI, al reducir la temperatura muscular y posiblemente atenuar la inflamación y el daño, podría disminuir la retroalimentación inhibitoria procedente de los aferentes musculares de tipo III y IV, facilitando así la activación central.
Otro hallazgo consistente fue el aumento de la modulación vagal cardíaca (RMSSD) a las dos horas postejercicio tras la CWI, independientemente del protocolo de carrera. Este efecto se explica por la combinación del frío y la presión hidrostática, que incrementa el retorno venoso, activa los barorreceptores cardiopulmonares y favorece una mayor actividad parasimpática. Sin embargo, este beneficio parece limitado temporalmente y no se mantiene más allá de las primeras horas tras la intervención.
Por su parte, la HWI redujo el coste cardiorrespiratorio (menor consumo de oxígeno) durante carreras submáximas realizadas hasta 24 horas después del ejercicio, tanto tras la carrera continua como tras el HIIT. Este hallazgo sugiere una mejora de la eficiencia muscular, posiblemente mediada por una mayor temperatura muscular, una mejor cinética del calcio y una menor demanda metabólica para una misma carga de trabajo.
Es importante destacar que, pese a estos efectos fisiológicos positivos, ninguna de las intervenciones mejoró la percepción subjetiva del esfuerzo, el dolor muscular ni el estado de ánimo. Esto refuerza la idea de que la fatigabilidad percibida y la fatigabilidad neuromuscular o autonómica no siempre evolucionan de forma paralela, y que las estrategias de recuperación deben seleccionarse en función del objetivo específico.
En conjunto, este estudio demuestra que la eficacia de la inmersión en agua fría o caliente no debe evaluarse de forma global, sino atendiendo al tipo de ejercicio realizado y al componente concreto de la fatigabilidad que se pretende optimizar. Desde una perspectiva aplicada, los resultados sugieren que la CWI podría ser especialmente útil cuando el objetivo es acelerar la recuperación autonómica o mejorar la activación muscular tras esfuerzos intermitentes de alta intensidad, mientras que la HWI podría ser una herramienta interesante para reducir el coste metabólico y mejorar la eficiencia durante sesiones submáximas posteriores, especialmente tras esfuerzos continuos de resistencia.
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