James, Neymar, Ochoa, el sueño imposible
Se oyó una voz: “Hoy eres fuego, mañana serás olvido”.
Fuego y olvido, antípodas de tantas cosas. Las palabras las pronunció Joan Manuel Serrat en ocasión del Honoris Causa con el que fue distinguido en la Universidad de Mendoza, Argentina, y en esas aguas del verbo van navegando tres hombres incomprendidos, tres futbolistas que han pasado por las canchas del mundo sin asentarse como Dios hubiera querido.
Hoy aquí, mañana allá, y cuando el Mundial se acerca ellos siguen por ahí, sin oriente ni destino, viendo cómo las selecciones de sus países, de las que fueron diamantes de alto precio, los desestiman sin considerar todo lo hecho. Es como un destino indeseado, un presagio inevitable, un pensar en el Mundial como un cielo más allá del horizonte.
James Rodríguez deslumbró en Brasil. Corría el año 2014, y aquel gol marcador a Uruguay movió los cimientos del Real Madrid. Allá fue, con todo su charm, con aquella estela de luz que en poco tiempo fue perdiendo su brillo, su esplendor, hasta convertirse en un planeta errante en el cielo español. Transitó por el Bayern Munich, Everton, Al Rayyan, Olimpiakos, Sao Paulo, Rayo Vallecano, Club León hasta arribar al Minnesota United. En todos ellos dejó la impronta de su singular pierna zurda, pero también de su descontento, de una cierta malcriadez que lo castiga desde sus días iniciales en Colombia, Argentina, Portugal y Francia, antes de su gesta en Río de Janeiro, y que a sus 34 años de edad no le han permitido cristalizar.
Neymar parece haberse dado cuenta de su gran valor a la misma edad del colombiano. El heredero de las glorias del Santos de Pelé era anunciado como el prodigio del renovado fútbol brasilero, y así llegó al Barcelona para unirse a Lionel Messi. Luego fue traspasado al París Saint-Germain por 222 millones de euros, el fichaje más caro conocido, hasta ser adquirido por el árabe Al-Hilal y volver de vuelta al Santos.
En todo ese periplo ha dejado la estela como uno de los mejores de su época, pero su propia vida ligera, de lesiones constantes y no siempre verdaderas en la que no parece haber tomado al fútbol con la seriedad de un astro como él, no lo han dejado ser Neymar. Carlo Ancelotti, entrenador de Brasil, aun duda si llevarlo al Mundial, aunque es un clamor de todo el país.
Guillermo Ochoa no se conforma. Miembro del equipo mexicano por cinco mundiales, en tres de ellos como titular, no concibe que hoy, a sus cuarenta años de edad, no sea tomado en cuenta por el entrenador Javier Aguirre. Ha sido polémico, discutido, y no quiere entender que su tiempo ya es pasado, y que para que el “Memo” invencible, el invulnerable, regrese a la selección verde, mucha cosas imprevista tendían que suceder.
Tres valores indiscutidos, tres estatuas por cincelar, pero tres hombres que verán en el Mundial su sueño imposible. Hoy son fuego, mañana serán olvido.
En Venezuela hay lejanía…
Los anhelos de James Rodríguez, Neymar y Guillermo “Memo” Ochoa también han encontrado eco en generaciones de jugadores venezolanos, aquellos para quienes un Mundial ha sido un imposible. Se ha estado cerca varias veces, casi se le ha tocado, pero es ahí donde ha estado la frustración: tenerlo tan cerquita, ese sentir y oler su perfume pero sin alcanzar el frasco que lo contiene. Juan Arango, José Manuel Rey, Salomón Rondón, ejemplifican ese ser todo y no ser nada, porque ellos han sido el comienzo y el fin de la vida futbolística nacional. Vendrás otros, y quizás el sueño de James, Neymar y Ochoa ya haya sido un espanto. Porque mientras no se invente nada nuevo, un Mundial de Europa contra América, uno entre continentes, el encuentro entre selecciones de países seguirá siendo el Everest del fútbol universal.