Piñango logró su primer cetro hace 4 décadas
“Viví grandes momentos, pero eso fue antes. Ahora tengo un ‘trabajón’ en el gimnasio durante la semana, mientras los fines estoy con el programa boxeo de calle”, nos señaló una vez el siempre efusivo Bernardo José Piñango, quien un 4 de junio de 1986 se tituló rey mundial gallo AMB, al doblegar por decisión unánime al gringo José “Gaby” Cañizales en su propio patio.
Hoy se cumplen cuatro décadas de esa hazaña: “Debí esperar seis años por esa oportunidad. Antes, en el boxeo, no era tan fácil pelear por un título mundial. Y no iba a desaprovechar esa oportunidad”, afirmó.
En la página web especializada Jabeando, José Camejo Suárez explicó cómo se forjó esa corona universal:
- El control de la distancia con el jab de contención: Cañizales era un peleador de presión que buscaba intercambio corto para soltar sus ganchos. Piñango, con inteligencia táctica superior, usó un jab largo y constante; no necesariamente para hacer daño, sino como radar.
Bernardo mantenía su mano izquierda un poco más baja de lo habitual para invitar a Gaby a entrar, y en el momento del paso al frente del rival, soltaba el jab para frenar el ímpetu y resetear la ofensiva de Cañizales.
- Desplazamientos laterales y ángulos de salida: Bernardo nunca se quedó estático frente a la “zona de fuego”, aplicó lo que en el boxeo técnico es “quitarse de la línea de presión”. Cuando Cañizales lograba acortar la distancia, Piñango no retrocedía en línea recta, lo cual es un error fatal ante un pegador, sino que utilizaba pasos laterales hacia su derecha, pivoteando sobre su pie delantero. Esto obligaba a Gaby a tener que reajustar sus pies constantemente, impidiéndole plantar potencia en sus golpes.
- La mano derecha en “cross” sobre el jab rival: Uno de los puntos de inflexión técnica fue la lectura que hizo Piñango del ritmo de Cañizales. Bernardo notó que Gaby bajaba levemente su mano izquierda después de lanzar su propio jab.
Piñango empezó a conectar la derecha cruzada por encima del hombro, un golpe que entró con precisión quirúrgica durante los asaltos intermedios, inflamando el rostro de Cañizales y restándole confianza.
- Condición física y gestión del “clinch”: En momentos donde la presión de Cañizales era asfixiante, Piñango mostró que el boxeo también se juega con los amarres.
No permitía que Cañizales trabajara en el “infighting” (pelea corta). Bernardo utilizaba el clinch técnico, bloqueando brazos del rival por encima de los codos, lo que obligaba al referí a separar la acción y permitía a Piñango volver a su zona de confort: la larga distancia.
Ese cetro que logró un 4 de junio en 1986, lo retuvo por tres combates más ante el italiano Ciro de Leva, el surafricano Simon Skosana y el gringo Frankie Duarte; pero no solo logró este título mundial, sino que pasó al supergallo, obteniendo el cetro de la AMB el 27 de febrero en 1988 ante el dominicano Juan Gervacio para perderlo en la primera defensa frente al mexicano Juan José Estrada el 28 de mayo de ese año.
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Fama que confunde
Luego tuvo una vida un poco desordenada; aparte de intentar destacar en el peso pluma, lo que implicó un empate ante el jamaiquino Jopb Walters, perdió contra el dominicano Tommy Valoy por nocaut en el sexto, hasta disputar su último combate en Las Vegas el 7 de abril de 1990, ante el estadounidense Troy Dorsey, quien lo venció por nocaut técnico en el octavo. Según expertos, su velocidad de piernas, principal arma, no era ya la misma.
“De verdad, la fama le afecta a cualquiera, pero debes pisar muy bien y tener los pies sobre la tierra. La fama nos confunde y hacemos trastadas”, se sinceró en una charla donde admitió sus errores.
Sin embargo, agregó que la fama no fue lo que afectó su carrera. “Tuve dos títulos mundiales y fui plata olímpica, pero también surgen nuevos muchachos y la edad pega, sobre todo en el boxeo, que tiene entrenamientos muy fuertes. Tiene que gustarte mucho. Y así pasa en todos los deportes. Si te gusta una cosa, debes tenerle mucho empeño”.
En total, en el rentado realizó 32 peleas con balance de 25 triunfos, tres empates y cinco derrotas. Conquistó los títulos mundiales AMB del peso gallo y supergallo. Admite que el boxeo está viviendo una crisis “no solo en Venezuela, sino a nivel mundial. Ya no hay esos Clay, Norton, Antonio Esparragoza, Leo Gámez, un Piñango. Hubo una vez que tuvimos cinco campeones mundiales en un año. Cinco y cuatro en 1971”.
Fue muy filosófico al señalar que “los deportes pasan y a veces vuelven. En estos días mandan otros mundialmente. Te repito, vas a ver que en Venezuela existirá un ‘boom’ con el atletismo, por lo que hizo Yulimar, que fue grande. Y muchos irán a los estadios a practicar salto (risas). Y si otro deporte da éxitos, muchos los practicarán”, aseveró el caraqueño.
Hizo historia en Rusia
Asimismo, el 2 de agosto se cumplirán 46 años de la presea de plata conquistada en los Juegos Olímpicos Moscú 1980 por este caraqueño, también en la categoría gallo. Despachó primero a Ernesto Alguera (Nicaragua) por decisión de los jueces 4-1, a Veli Koota (Finlandia) DQ 2, John Siryakibbe (Uganda) KO 2, Cipere Dumitre (Rumania) 3-2, hasta llegar a la final, perdiendo 0-5 ante Juan Bautista Hernández (Cuba).
Hoy en día se dedica a entrenar muchachos. De no ser boxeador, “me hubiera gustado jugar fútbol. A mí me gustaba mucho. Si en esa época el fútbol hubiese pagado como ahorita, yo hubiera estado metido como mediocampista. Era regular, pero, aunque era derecho, manejaba bien la zurda (risas). Sin embargo, el boxeo es lo mío. Es una pasión desde los doce años”, sentenció.