¡Retumban los tambores! Venezuela tiene nuevos héroes
Es justo decir que la respiración se nos entrecortó en el cierre del octavo inning con el jonrón que igualó la pizarra y los fantasmas del pasado aparecieron. Compartimos miedo por unos instantes, pero fue más grande la convicción de que Venezuela iba a responder y que este Clásico Mundial ya nadie nos lo podía quitar. Estábamos despiertos, en todas partes del mundo, atentos a una remontada que le hiciera justicia a nuestro beisbol.
La paciencia de Luis Arráez se tradujo en un boleto y el manager Omar López inmediatamente movió sus piezas para poner a correr a Javier Sanoja, que en un abrir y cerrar de ojos se robó la segunda base. El turno le llegó a Eugenio Suárez, que hizo swing de gradas un par de veces, pero luego se concentró en el contacto para conseguir una línea lo suficientemente fuerte para que Venezuela recuperara la ventaja. Al llegar a la segunda base lo vimos agradecer a Dios. Y entonces llegó Daniel Palencia para pochar a Kyle Schwarber, dominar con un elevado a Gunnar Henderson y ponchar también a Román Anthony. Se terminó el juego y los venezolanos hicieron vibrar el LoanDepot Park de Miami, como lo hizo Venezuela entera y los miles de lugares donde hoy celebra un venezolano. Ahora todos saben como suena un tambor.
Lo lograron. Ganaron por ellos, por los que antes estuvieron y se quedaron cortos, por los que vienen. No hay deuda pendiente y evidencia de ello son las lágrimas en los ojos de Miguel Cabrera, el hombre que nunca dijo que no a su selección, que estuvo sin titubeos en las primeras cinco ediciones, pero que tuvo que esperar a ser coach para alcanzar la gloria. Fue justicia para él, pero también para Víctor Martínez y Johan Santana, que estuvieron turno a turno con cada bateador, con cada pitcher, haciendo los ajustes necesarios.
Un nuevo capítulo en la historia
Los «Héroes del 41», que vencieron a Cuba para alzarse campeones del béisbol amateur, ya no están solos. 85 años después han llegado los «Héroes del 26», una selección que encarna muy bien lo que significa ser venezolano y esa bendita terquedad que nos hace perseguir nuestros sueños contra todo pronóstico, contra toda duda.
Porque sí que hubo muchos que no creyeron, que se concentraron en las ausencias, en las derrotas de los juegos de preparación y en el único parpadeo que tuvieron en la fase de grupos ante Dominicana. Millones se resignaron con la idea de que volverían a quedarse en cuartos de final porque iban contra el gigante Japón, que nunca en la historia del Clásico Mundial había estado fuera del podio. Pero a pesar de todo eso, ellos decidieron creer y eso bastó. El pitcheo abridor no tuvo su mejor presentación, pero respondió el bullpen. Emmanuel De Jesus, que completó dos innings y un tercio en blanco, marcó la pauta para llegar a tierra prometida. Y el jonrón con el que Wilyer Abreu volteó la pizarra no solo selló la victoria, sino que convenció a todos. Venezuela podía ganar.
Para la semifinal ante Italia ya no era un roster de 30 acompañado de su staff, eran más de 30 millones de venezolanos remando hacia la victoria. Y lo volvieron a hacer, nuevamente de la mano de sus relevistas, capitalizando una única oportunidad ofensiva en el séptimo inning, en el que abrieron con boleto y, luego de dos outs, sentenciaron con hits consecutivos de Jackson Chourio, Ronald Acuña, Maikel García y Luis Arráez. El triunfo no solo significó el pase a su primera final, sino que aseguró la clasificación a los Juegos Olímpicos, Los Ángeles 2028.
La Redención
La final ante EEUU sabía a revancha, por aquella eliminación de 2023 que ya todos conocemos. Pero no era ese sentimiento el que nos movía, no, estábamos más bien ilusionados con la posibilidad de conseguir el triunfo más grande en la historia de nuestro deporte rey, nuestro amado beisbol. Confiamos la responsabilidad a Eduardo Rodríguez, que, aunque no tuvo el mejor debut en esta justa, sabía bien lo que tenía que hacer. Y sí, había un plan B y un plan C, pero no hicieron falta. Lanzó cuatro innings y un tercio en blanco, en los que recibió un solo hit, otorgó un boleto y ponchó a cuatro. La mejor actuación de su carrera.
Otros tres brazos mantuvieron el cero y, aunque -como ya sabemos- el empate apareció cerca del final, todo se resolvió. Estaba escrito; este era para nosotros. SOMOS CAMPEONES.