Secretoma muscular y ejercicio – Fisiología del Ejercicio by Dr. López Chicharro

El ejercicio desencadena una red compleja de señales bioactivas que coordinan adaptaciones dentro del músculo y en órganos distantes. Estas moléculas, conocidas como exerkines, no deben interpretarse únicamente como sustancias liberadas por las fibras musculares y detectadas después en la sangre. La circulación contiene solo una fracción seleccionada de todo lo que se produce localmente, porque antes de alcanzar el plasma las señales atraviesan distintos niveles de regulación dentro del tejido.
El músculo esquelético está organizado en microambientes anatómicos especializados, como las regiones perivasculares, el intersticio, las uniones neuromusculares y miotendinosas, y los depósitos de grasa intramuscular. En estos espacios interactúan fibras musculares, células endoteliales, macrófagos, células satélite, adipocitos y progenitores fibro-adipogénicos. Cada población contribuye de forma diferente al secretoma y participa en circuitos paracrinos que pueden amplificar, transformar, consumir o retener las señales antes de su posible exportación sistémica.
La localización donde se origina una molécula condiciona su destino. Los factores producidos cerca de los capilares tienen mayor probabilidad de entrar en la circulación, mientras que los generados en zonas intersticiales profundas suelen permanecer en el tejido o actuar localmente. Además, la matriz extracelular funciona como un filtro dinámico: puede secuestrar citocinas y factores de crecimiento, liberarlos mediante proteólisis o modificar su disponibilidad a través de proteínas transportadoras, receptores solubles y vesículas extracelulares. Por ello, dos moléculas producidas en cantidades similares pueden mostrar concentraciones plasmáticas muy diferentes.
La propia naturaleza molecular también modifica la difusión y la persistencia. Proteínas y péptidos pueden degradarse o eliminarse rápidamente; los metabolitos reflejan flujos entre órganos; los lípidos suelen viajar asociados a transportadores; y las vesículas extracelulares protegen proteínas, lípidos y ARN, prolongando su estabilidad y facilitando, en determinados contextos, una distribución más selectiva.
El tipo de ejercicio también define la respuesta secretora. El estrés metabólico, la carga mecánica, la hipoxia, la inflamación, las hormonas y las especies reactivas de oxígeno activan programas parcialmente distintos. El ejercicio continuo moderado, el entrenamiento interválico de alta intensidad, los sprints y el entrenamiento de fuerza generan perfiles compartidos, pero también respuestas específicas. La IL-6 constituye un ejemplo relevante, ya que su liberación aumenta con la intensidad y puede verse potenciada cuando el glucógeno muscular está reducido.
La dimensión temporal añade otra capa de complejidad. Algunas señales aparecen durante el ejercicio o inmediatamente después y participan en la regulación metabólica, vascular e inmunitaria. Otras emergen horas o días más tarde y favorecen angiogénesis, biogénesis mitocondrial, remodelado de la matriz y resolución de la inflamación. Una única muestra sanguínea solo ofrece una instantánea parcial y puede pasar por alto moléculas liberadas de forma transitoria, consumidas localmente o eliminadas con rapidez.
La evaluación del secretoma muscular requiere combinar transcriptómica espacial y unicelular, proteómica tisular, análisis del líquido intersticial, plasma y seguimiento temporal. Detectar una molécula en sangre no demuestra por sí solo que proceda directamente del músculo ni que refleje su producción total. Integrar los compartimentos local y sistémico permitirá identificar biomarcadores más precisos, diferenciar señales con funciones paracrinas de las verdaderamente endocrinas y seleccionar mejores dianas terapéuticas para salud, envejecimiento y enfermedad.
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Referencia completa del artículo:
Ng SY, Handschin C. The local-systemic axis of the skeletal muscle secretome. Trends Endocrinol Metab. 2026 Jul 24:S1043-2760(26)00172-4. doi: 10.1016/j.tem.2026.07.001.