abril 18, 2026
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Aunque ya no se sienta el mismo fervor, aunque el amor por el color vinotinto haya palidecido, aun allá lejos, en el fondo de los fondos de los afectos incondicionales, se mantiene un hilo de fe por un mañana mejor. Hoy la selección nacional zarpa hacia la travesía de una brega de largo aliento, de enormes vicisitudes y trampas en los caminos del fútbol, y que solo terminará en el año 2030 cuando el Mundial de entonces abra sus horizontes y reciba al equipo venezolano. Pero estamos yendo demasiado lejos; hoy lo espera Trinidad y Tobago, un grupo veloz, de toque simple pero de poca profundidad y que suele dejar jugar. Ha de ser un partido útil para la observación del técnico Oswaldo Vizcarrondo, para la experimentación, para probar jugadores en diferentes posiciones. A veces pasan estas cosas: hombres que viven apegados a una demarcación sin saber que pueden ser tan buenos en otros lugares del campo de juego…

Pero en medio de este panorama, y posiblemente lo que más alimenta las dudas de Vizcarrondo será cómo armar al escuadrón. Inicialmente quería trabajar con una formación de jugadores jóvenes y de la liga local, con poca experiencia internacional. Al poco, modificó sus intenciones y llamó a aquellos que ya han probado el perfume llegado desde otras latitudes. Lo de hoy, y lo del lunes ante Uzbekistán, es eso: solo mirar hacia dentro. Es posible que luego de estos dos partidos tampoco emerja algo concreto; tiempo habrá para ir cambiando el rumbo hasta llegar a la deriva cierta; así el técnico podría tener la idea de su estructura básica. Vizcarrondo sabe, ¡cómo no lo va a saber!, que dentro de cuatro años habrá una diferente realidad; futbolistas ahora de veinte años de edad que entonces estarán a punto, y que otros, ahora pasados ya de los treinta y tantos, sabrán que no aparecerán en las proclamas definitivas…

Así pues, hoy va Trinidad, con sus movimientos de celaje pero con errores comunes, y el lunes ante una formación más sólida, Uzbekistán, que suple aquel vértigo con un manejo de fútbol más pausado, sin el espíritu osado de los isleños. Serán dos partidos opuestos, que podrían darle a Venezuela una idea del fútbol que se juega hoy en el mapamundi. ¿Serán estas selecciones parecidas a las de Suramérica, aquellas que enfrentará la Vinotinto en sus afanes mundialistas? Oswaldo Vizcarrondo, que por su manera de ser y su educación no tiene, como otros técnicos, desbocadas ansias de figuración, va anotando. Solo hace falta saber, y esto lo dirá el tiempo por transcurrir, si la generación que llega puede hacer las veces de la anterior y conseguir que aquel delgado hilo de fe se transforme en un viento de ilusiones sin marchitar. Nos vemos por ahí.

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