Una ruta para hacer con niños en cada Parque Nacional de España (con dificultad real comprobada)
Los parques naturales son escenarios ideales para que los más pequeños aprendan a apreciar el medio ambiente y descubran que conviven con otros seres vivos que quizás no conocían. Además, caminar por la montaña es una gran forma de hacer ejercicio físico.
Sin embargo, conviene comprobar que el camino escogido es realmente apto para toda la familia. Para que no haya sustos, en EscapadaRural hemos elaborado una lista fiable que une datos oficiales del Organismo Autónomo de Parques Oficiales (OAPO) y la metodología de información de excursiones (MIDE), que informa de la dificultad real de los senderos. Esta es una lista de rutas aptas para toda la familia en los parques nacionales de España.
Aigüestortes i Estany de Sant Maurici (Lleida)

Aunque la alta montaña suele imponer respeto, la ruta de la Nutria permite que incluso los pasos de los más pequeños se sientan como grandes exploradores. Parte del puente de la Palanca y el camino serpentea junto al río Sant Nicolau hasta alcanzar el Planell de Aigüestortes. Lo más fascinante aquí son los meandros del río, donde el agua forma dibujos sobre el prado. Entre los pinos negros, si se guarda silencio, quizá es posible ver el rastro de la nutria.
La aventura comienza antes de caminar, ya que hay un trayecto en barco. Una vez en el puerto, la visita arqueológica por Cabrera es un paseo corto de poco más de un kilómetro que nos traslada a otro tiempo. El sendero recorre los yacimientos donde fenicios, romanos y bizantinos dejaron su huella. Es un paisaje de matorral mediterráneo salino donde las lagartijas baleares, joyitas verdes del parque, custodian las ruinas bajo un sol que huele a salitre.
La senda de la Torre de Abraham es una bienvenida a los Montes de Toledo. Son apenas 500 metros de pasarela que flotan sobre la vegetación de ribera junto al embalse. Es un punto estratégico para observar cómo el bosque mediterráneo de encinas y alcornoques se encuentra con el agua. Desde la madera, también es fácil ver el vuelo de las garzas y, con unos prismáticos, el rastro de los ciervos que bajan a beber al amanecer.
Caldera de Taburiente (La Palma)
La ruta que va desde el mirador de Los Brecitos hasta la zona de acampada es una inmersión total en el pino canario. El camino parte de las zonas altas y desciende hacia el interior del cráter. Lo más espectacular es la vista de los riscos que rodean la caldera, como murallas de piedra volcánica que tocan las nubes. Por el camino, el cuervo canario suele acompañar a los caminantes con su graznido característico, mientras el suelo se tiñe del naranja de las acículas de los pinos.
En el centro de visitantes de La Rocina, el tiempo parece detenerse. Un sendero de casi cuatro kilómetros recorre el arroyo que alimenta la marisma, ofreciendo una de las mejores muestras de la selva de Doñana. Entre los helechos gigantes y los pinos piñoneros, se esconden observatorios de madera donde se puede ver el baile de las espátulas y los somormujos. Es un lugar de sombras frescas y sonidos del agua que fluye oculta por la vegetación.
En La Gomera, ir a Los Barranquillos supone una visita al pasado. Este trayecto de menos de un kilómetro atraviesa un bosque prehistórico de laurisilva que sobrevive gracias a la humedad de las nubes. Los troncos están cubiertos de musgo y líquenes, creando un escenario que parece sacado de una fábula. Al llegar al mirador, el barranco se abre y muestra el contraste entre el verde intenso del parque y el azul profundo del Atlántico.
Islas Atlánticas (Galicia)
Mientras la mayoría busca el faro en las islas Cíes, el Sendero Interior (Ruta B) ofrece una calma distinta. Partiendo de la zona de servicios, este camino de 2,3 kilómetros se adentra en el corazón de la isla de Monteagudo, uniendo las playas principales bajo la sombra de pinos y eucaliptos. Es el lugar ideal para observar el sutil movimiento de la camariña, una planta protegida, y escuchar el estrépito de las colonias de gaviotas patiamarillas que anidan en los acantilados cercanos.
Dado que las rutas familiares más cortas suelen centrarse en la educación, el paseo guiado desde Villarreal de San Carlos se convierte en la mejor opción. Es un recorrido llano que permite entender por qué los buitres leonados y las cigüeñas negras adoran estos roquedos. El paisaje de dehesa extremeña, con sus encinas salpicando el horizonte, es el telón de fondo de un espectáculo aéreo constante donde el águila imperial suele ser la invitada de honor.
Ordesa y Monte Perdido (Huesca)
El Sendero Interpretativo Autoguiado Parador de Ordesa es un suspiro de apenas 260 metros, pero con una fuerza visual inmensa. Es un paseo introductorio que sitúa al visitante al pie de las inmensas paredes de piedra caliza. En otoño, el color de las hayas es un incendio de ocres y rojos, mientras que el sonido del río Arazas recuerda que aquí el agua ha tallado el paisaje durante milenios. Es el lugar perfecto para sentir la magnitud del Pirineo aragonés sin necesidad de grandes esfuerzos.

La ruta hacia la cueva de Santibañas, en los Picos de Europa cántabros, es un paseo por la cultura rural que parte de un pueblo llamado Caín (León). Durante cuatro kilómetros, se atraviesan praderías de un verde eléctrico donde todavía pasta el ganado. La cueva, que surge como una boca oscura en la montaña, es el punto álgido que despierta la curiosidad. En los alrededores, los bosques de hayas y robles sirven de refugio al pito negro y, con mucha suerte, se pueden ver las huellas del oso en el barro.
Sierra Nevada (Granada)
Tras los muros del rehabilitado Molino Bajo de Huéneja, en Sierra Nevada, arranca una ruta circular que serpentea entre la arquitectura popular de antiguos cortijos. El sendero ofrece una panorámica sublime de la sierra de Baza y el rumor del río Isfalada acompañando el paso hacia el Molino Alto, antes de regresar bajo la sombra de castaños centenarios.
Sierra de Guadarrama (Segovia)
La senda del Chorro Clásica es un recorrido que huele a resina de pino silvestre. Desde el área recreativa de Navafría, en la sierra de Guadarrama, el sendero de 1,4 kilómetros sube suavemente entre ejemplares centenarios hasta llegar a la cascada del Chorro. El agua cae con fuerza sobre la roca, refrescando el ambiente incluso en los días más calurosos del verano. Es habitual ver al carbonero garrapinos saltando entre las ramas bajas mientras se escucha el picoteo de los pájaros carpinteros.
Sierra de las Nieves (Málaga)
La etapa que une Guaro con Monda es un paseo por el alma de Málaga. Aunque es algo más de seis kilómetros, su trazado es cómodo y amable. El gran atractivo es la floración de los almendros en los meses de invierno, que cubre el valle de un manto blanco y rosado. Entre olivos y algarrobos, el camino permite disfrutar de la arquitectura blanca de los pueblos que custodian la entrada a este parque nacional.
La Ruta Roja o de la Laguna Permanente es una experiencia casi acuática. A través de pasarelas de madera, el caminante se interna en el humedal, rodeado de tarayes y carrizos. Es el lugar donde el agua y el cielo se funden. Desde los miradores, el espectáculo de los ánades, las fochas y los somormujos lavancos es constante. Es una ruta circular que permite entender la fragilidad de este ecosistema único en La Mancha.
Caminar por el Llano de Ucanca es lo más parecido a un viaje espacial. Este sendero de poco menos de dos kilómetros transcurre por una llanura sedimentaria rodeada de caprichosas formas volcánicas como ‘La Catedral‘. La vegetación es escasa pero única, como la retama del Teide y el alhelí de cumbre. La luz aquí tiene una calidad distinta, resaltando los tonos amarillos y rojizos de las piedras en un entorno donde el silencio solo lo rompe el viento.
La actividad principal de este espacio y que es la única apta para niños es la Ruta de los Volcanes. Solo se puede acceder a ella en autobús autorizado y no requiere esfuerzo físico ni presenta peligros técnicos. Aunque no se categoriza como «senderismo» por el MIDE, al no ser a pie, se ha incluido en este listado para no dejar fuera al Parque Nacional de Timanfaya y porque realmente el paisaje es espectacular.
Longitud: 10,3 kilómetros
Dificultad: fácil (se hace en autobús)
Tipo de ruta: circular