abril 20, 2026

Frío y metabolismo saludable – Fisiología del Ejercicio by Dr. López Chicharro

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El artículo examina de manera integral la exposición al frío como un estímulo fisiológico capaz de inducir adaptaciones metabólicas relevantes para la prevención y el tratamiento de enfermedades crónicas, particularmente la obesidad, la diabetes tipo 2, la inflamación crónica y algunos tipos de cáncer. Tradicionalmente utilizada en medicina deportiva y rehabilitación para reducir dolor e inflamación, la crioterapia ha despertado interés creciente en el ámbito metabólico debido a su capacidad para activar el tejido adiposo marrón (BAT, por sus siglas en inglés) y aumentar el gasto energético corporal.

Uno de los principales mecanismos mediante los cuales el frío ejerce sus efectos es la activación de la termogénesis. Este proceso ocurre tanto a través del temblor muscular como mediante la termogénesis sin temblor, mediada principalmente por el tejido adiposo marrón y el tejido adiposo beige. Estas formas de tejido adiposo poseen abundantes mitocondrias y expresan la proteína desacoplante UCP1, que permite disipar energía en forma de calor en lugar de almacenarla como ATP. Como resultado, la exposición al frío incrementa el gasto energético total y favorece la oxidación de lípidos y glucosa.

En modelos animales, especialmente en roedores, se ha demostrado que la exposición prolongada al frío induce múltiples mecanismos termogénicos, tanto dependientes como independientes de UCP1. Entre ellos se incluyen ciclos metabólicos alternativos como el ciclo de creatina, el ciclo calcio-ATPasa del retículo sarcoplásmico y el ciclo triglicéridos-ácidos grasos libres. Además, el frío estimula la conversión del tejido adiposo blanco en adipocitos beige, aumentando la capacidad termogénica del organismo. Estos procesos se acompañan de liberación de noradrenalina por el sistema nervioso simpático, lo que activa la lipólisis y proporciona sustratos energéticos para la producción de calor.

En humanos, aunque la cantidad de tejido adiposo marrón es menor que en roedores, su activación sigue siendo relevante para la regulación metabólica. Durante exposiciones agudas al frío, el temblor muscular constituye la principal fuente de calor, pero con la adaptación progresiva aumenta la contribución del tejido adiposo marrón. Además, el frío favorece la captación de glucosa y ácidos grasos libres por el tejido adiposo marrón y el músculo esquelético, mejorando la sensibilidad a la insulina y la homeostasis glucémica.

El artículo destaca que la exposición al frío produce cambios metabólicos sistémicos complejos. En modelos animales, el tejido adiposo marrón utiliza diversas fuentes energéticas, como glucosa, ácidos grasos, lactato y aminoácidos, dependiendo del estado nutricional. En humanos, exposiciones moderadas al frío durante aproximadamente dos horas aumentan la captación de glucosa por el tejido adiposo marrón y mejoran la sensibilidad a la insulina hasta en un 20 %. Asimismo, se observan modificaciones en los perfiles lipídicos circulantes, incluyendo incrementos en ácidos grasos libres y lipoproteínas de alta densidad.

A nivel molecular, la detección del frío está mediada principalmente por canales iónicos de la familia TRP, especialmente TRPM8 y TRPA1. Estos receptores sensoriales activan cascadas intracelulares dependientes de calcio que culminan en la estimulación de la proteína quinasa A y la expresión de UCP1, promoviendo la termogénesis. En modelos animales, la activación farmacológica de TRPM8 mediante compuestos como el mentol reproduce parcialmente los efectos metabólicos del frío, reduciendo el peso corporal y mejorando la tolerancia a la glucosa. Sin embargo, la evidencia clínica en humanos aún es limitada.

En relación con la obesidad, los estudios preclínicos muestran resultados consistentes: la exposición prolongada al frío incrementa el gasto energético, reduce la masa grasa y mejora el perfil lipídico, incluso cuando se mantiene o aumenta la ingesta alimentaria. Este efecto depende en gran medida de la activación del tejido adiposo marrón. No obstante, los estudios en humanos presentan resultados más heterogéneos. Aunque el frío aumenta el gasto energético y la termogénesis adaptativa, los cambios en el peso corporal suelen ser modestos debido a mecanismos compensatorios como el incremento del apetito.

En cuanto a la diabetes tipo 2, la evidencia sugiere que la exposición al frío mejora la sensibilidad a la insulina y reduce los niveles de glucosa en sangre. En pacientes diabéticos, intervenciones de aclimatación al frío durante diez días han mostrado incrementos significativos en la captación de glucosa por el músculo esquelético, asociados con la translocación del transportador GLUT4. Sin embargo, algunos estudios no han encontrado efectos significativos cuando la exposición no induce temblor muscular, lo que indica que la intensidad del estímulo térmico puede ser determinante.

El artículo también analiza los efectos antiinflamatorios del frío. En modelos animales, la exposición a bajas temperaturas reduce la producción de citocinas proinflamatorias como TNF-α e IL-6 y favorece la activación de macrófagos con perfil antiinflamatorio. Además, se ha demostrado que el tejido adiposo marrón libera mediadores lipídicos pro-resolutivos capaces de disminuir la inflamación hepática asociada a la obesidad. Estos efectos también se han observado en modelos de artritis y neuroinflamación, donde la crioterapia reduce la migración de células inmunes inflamatorias y mejora la función vascular.

En el ámbito oncológico, la exposición al frío podría influir en el crecimiento tumoral mediante la redistribución sistémica de la glucosa. Al aumentar la captación de glucosa por el tejido adiposo marrón, disminuye la disponibilidad energética para las células tumorales, lo que favorece su apoptosis. Aunque esta hipótesis resulta prometedora, la evidencia clínica todavía es limitada y requiere confirmación en estudios humanos.

A pesar de sus beneficios potenciales, la exposición al frío no está exenta de riesgos. Puede inducir respuestas de estrés fisiológico y aumentar el riesgo cardiovascular, especialmente en personas mayores o con enfermedades metabólicas preexistentes. Además, la falta de protocolos estandarizados y la variabilidad en los dispositivos utilizados dificultan la aplicación clínica sistemática de esta intervención.

En conjunto, el artículo concluye que la exposición al frío representa una estrategia terapéutica prometedora y no farmacológica para mejorar la salud metabólica, especialmente mediante la activación del tejido adiposo marrón y la regulación de la sensibilidad a la insulina, el metabolismo lipídico y la inflamación sistémica. Sin embargo, aún se requieren estudios clínicos controlados que definan parámetros óptimos de temperatura, duración e intensidad, así como investigaciones adicionales que evalúen su seguridad y eficacia a largo plazo en poblaciones diversas.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/04/Cold-exposure-and-metabolic-health.pdf

Referencia completa del artículo:

Li X, Dang J, Guo R, Griffiths HR, Lu S, Gao D. Cold exposure and metabolic health: Therapeutic potential for obesity, diabetes, and beyond. Physiol Rep. 2026 Apr;14(7):e70838. doi: 10.14814/phy2.70838.

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