Rutas a neveros: «fábricas de hielo» en verano
Mucho antes de que los congeladores fuesen un electrodoméstico cotidiano y los cubitos de hielo se comprasen cómodamente en bolsas en la gasolinera o en el supermercado, España ya tenía su propia «industria del frío». Se escondía en las cumbres, camuflada entre piedra y vegetación.
Viajamos al pasado a través de rutas de senderismo perfectas para hacer en familia este verano, descubriendo los antiguos neveros, pozos y cavas. Eran auténticos congeladores de piedra donde se obraba el milagro: conservar la nieve del invierno para refrescar los días más sofocantes del año. Una escapada rural cultural y con el aroma a aventura de la montaña.
El «congelador» del pasado: ¿Cómo funcionaban los neveros?
Hoy nos quejamos si en el bar se les ha olvidado echar un cubito de hielo al refresco en pleno verano, pero hace tres siglos, conseguirlo en pleno mes de agosto en Murcia o Alicante requería meses de trabajo duro. Los neveros, pozos de nieve o cavas eran grandes construcciones (muchas veces subterráneas) ubicadas en zonas de montaña donde la nieve era abundante en invierno.
Su funcionamiento estaba muy pensado y comenzaba con el llenado en invierno; los trabajadores recogían la nieve con palas y la introducían en el pozo. Después se procedía al prensado. Para que durase, la nieve no podía quedar blanda, así que se compactaba con mazas o con los propios pies cubiertos con alpargatas de esparto hasta convertirla en bloques de hielo macizo. Entre capa y capa, se colocaban aislantes naturales como paja o hechos. Finalmente, se sellaba la parte superior.

Como en la actualidad, lógicamente, la temporada alta del hielo llegaba con el calor. Entonces la demanda se disparaba en las ciudades para conservar alimentos (especialmente el pescado que subía de las costas), para uso médico (para bajar fiebres o frenar hemorragias) y, por supuesto, para tomar bebidas frías. Entonces un sorbete o un granizado con “nieve” en verano era un lujo solo asumible por la aristocracia.
El transporte de la nieve desde la montaña era importante para que no se derritiera por el camino. Por eso, se hacía exclusivamente de noche, envuelta en paja y apretada, habitualmente a lomos de asnos o mulas capaces de cargar unos 170 kilos.
Antes un sorbete o un granizado con “nieve” en verano era un lujo solo asumible por la aristocracia
Rutas familiares para conocer neveros
Siempre es pedagógico e interesante descubrir que algo tan poco valorado en la actualidad como es el hielo (barato en las tiendas, fácil de hacer en casa con cubiteras), tuvo un momento de alta cotización por el trabajo que implicaba fabricarlo. Vamos a conocer algunos de los neveros más sorprendentes y a los que se puede llegar siguiendo rutas familiares de dificultad baja.
Los pozos de la nieve de Totana (Murcia)

Puede parecer paradójico que una de las regiones más cálidas de España albergue una de las mayores concentraciones de pozos de nieve. Pero así es. En Sierra Espuña, a 1.400 metros de altitud, se conserva un conjunto monumental con más de una veintena de pozos del siglo XVI, ¡toda una fábrica de hielo! Se pueden descubrir a través de una ruta de 6 kilómetros con unos 200 metros de desnivel positivo. Alguno de los pozos es visitable, con escaleras que permiten descender hasta el fondo.
Al llegar, los niños alucinarán con las impresionantes cúpulas de piedra que parecen casas de duendes gigantes o antiguos búnkeres. Los paneles informativos detallan cómo abastecían de hielo a ciudades próximas como Murcia, Cartagena e incluso Orihuela.
La Cava Gran de Agres (Alicante)
La Cava Gran es el auténtico emblema de la arqueología industrial del frío en la Comunidad Valenciana, destacando por su imponente estructura exterior. Construida en el siglo XV, estuvo en funcionamiento hasta el año 1906. Desde el santuario de la Mare de Déu d’Agres sale una ruta sin complicaciones, pero algo más exigente, de 9,7 kilómetros y 500 metros de subida. La recompensa hace que el esfuerzo valga la pena: además de ver el sorprendente nevero, pasa por el Molí Mató con su cascada.
Lo que hace única a esta cava son sus seis arcos de piedra apuntados que sostenían la techumbre (hoy desaparecida) y el árbol que ha crecido en su mismísimo interior, creando una estampa mágica y fotogénica. Cuenta con una pasarela y paneles que explican su restauración.
Las neveras de Fuendetodos (Zaragoza)
Fuendetodos es mundialmente conocido por ser el pueblo natal del pintor Francisco de Goya, pero sus tierras de secano esconden una joya del patrimonio preindustrial. En el siglo XVIII, el municipio llegó a contar con un complejo de hasta 20 neveros que abastecían a la mismísima ciudad de Zaragoza. Junto a los restos de un castillo están los vestigios de la nevera del Calvario y, al sur del núcleo urbano del municipio, la nevera de la Culroya, una de las más emblemáticas de Aragón por su peculiar forma de huevo.
Con peques acostumbrados a andar podéis hacer una completa ruta circular de 12 kilómetros y 200 metros de desnivel positivo; si os parece demasiado, siempre os podéis acercar simplemente la nevera de Culroya, a apenas un kilómetro de distancia del centro de Fuendetodos. Su interior es visitable y todavía se puede contemplar el arranque del madero que soportaría la polea con la que se extraían los bloques de hielo.
Los pozos de nieve de Yunquera (Málaga)
¿Hielo en pleno mes de agosto a un paso de la Costa del Sol? Así es. Este rincón de Málaga era tan importante para la «industria del frío» andaluza que acabó dándole nombre a todo el Parque Nacional de la Sierra de las Nieves. Aquí llegaron a funcionar decenas de pozos que abastecían a Málaga capital, Ronda e incluso Gibraltar.
Una ruta circular, sencilla y bonita es la que lleva del mirador de Puerto Saucillo a uno de los pozos de nieve que funcionaba en la montaña: son 4,3 kilómetros y 243 metros de subida. Hoy está vallado y su interior poblado por vegetación, pero un cartel informativo recuerda la relevancia económica y de generación de empleo rural que tuvo en su momento. Además, el camino se adentra en un bosque de pinsapos, unos abetos prehistóricos únicos en el mundo que crean un ambiente sombrío y de «bosque encantado», ideal para huir del calor estival.
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.