junio 28, 2026
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El yoga se presenta como una práctica integral que combina posturas corporales estables, respiración controlada, relajación, concentración y meditación. La interacción entre cuerpo, respiración y atención sostenida parece favorecer una regulación equilibrada del estrés y de funciones fisiológicas. Sus efectos se han observado en el bienestar subjetivo y en indicadores cardiovasculares, metabólicos, respiratorios, neurológicos e inmunitarios.

En el ámbito emocional, la práctica se asocia con menor estrés percibido, reducción de la ansiedad y mejoría del estado de ánimo. Se han descrito beneficios en el insomnio, los síntomas depresivos y algunos trastornos psiquiátricos como complemento de la atención clínica. La respiración lenta y profunda, junto con la meditación, favorece una respuesta de relajación que disminuye la activación excesiva del sistema nervioso simpático. En paralelo, se ha relacionado con menor actividad del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y con reducciones del cortisol salival.

Los cambios neuroquímicos ayudan a comprender estos resultados. Se han comunicado aumentos de GABA, neurotransmisor inhibidor relacionado con una menor excitabilidad neuronal, así como de oxitocina, serotonina y melatonina. Podrían contribuir a la calma, la regulación emocional y el sueño. La meditación se asocia, además, con un estado de vigilia relajada: baja la frecuencia respiratoria y el consumo de oxígeno, mientras se modifican patrones de actividad cerebral vinculados con la atención.

En las funciones cognitivas, la práctica sostenida se ha relacionado con mejoras en memoria, atención, velocidad de procesamiento, funciones ejecutivas y coordinación psicomotora. Las imágenes cerebrales han mostrado mayor volumen de materia gris en regiones frontales, límbicas y del hipocampo. También se han observado cambios en la conectividad de redes implicadas en la memoria, la percepción de los estados internos del cuerpo y la capacidad de reorientar la atención. Estos hallazgos sugieren que el entrenamiento de la concentración puede acompañarse de mayor flexibilidad de las redes neuronales.

Los efectos metabólicos y cardiovasculares son igualmente relevantes. La incorporación del yoga a programas de estilo de vida se ha vinculado con descensos de glucosa sanguínea, colesterol, presión arterial, frecuencia cardíaca e índice de masa corporal, además de una mejor tolerancia a la glucosa y sensibilidad a la insulina. Se han descrito menores concentraciones de catecolaminas y menor actividad de los sistemas renina-angiotensina y simpático-adrenal, mecanismos relacionados con la hipertensión. También se han registrado mejores indicadores de tono vagal y variabilidad de la frecuencia cardíaca, señales de una regulación autonómica favorable. En enfermedades cardiovasculares, puede contribuir a la capacidad de ejercicio, la calidad de vida y el control de síntomas, pero no sustituye los tratamientos médicos establecidos.

La respiración constituye un eje central de estas adaptaciones. Los ejercicios respiratorios se han asociado con mejor función pulmonar, incluidos incrementos de capacidad vital forzada, volumen espiratorio forzado y flujo espiratorio máximo. En asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica, su aplicación complementaria ha mostrado mejor control de síntomas, tolerancia al esfuerzo y calidad de vida. La expansión lenta y consciente del tórax podría activar receptores pulmonares y circuitos que facilitan la respuesta parasimpática, coordinando corazón, pulmones y emoción.

Las posturas aportan beneficios musculoesqueléticos al combinar estiramiento, contracción, equilibrio y conciencia corporal. Pueden mejorar flexibilidad, fuerza, rango de movimiento y relajación, con utilidad complementaria en dolor lumbar crónico inespecífico, osteoartritis de rodilla, fibromialgia y otras condiciones con dolor o limitación funcional. Esta dimensión física se complementa con una percepción corporal más precisa.

La reducción de la inflamación representa otro mecanismo de interés. Se han observado descensos de interleucina-6, factor de necrosis tumoral alfa y proteína C reactiva, junto con cambios favorables en marcadores de inmunidad celular y defensa mucosa. Tales modificaciones podrían ser relevantes en enfermedades crónicas como artritis reumatoide, insuficiencia cardíaca, cáncer y trastornos metabólicos. En personas durante tratamientos oncológicos o supervivencia al cáncer, la práctica puede aliviar fatiga, angustia, alteraciones del sueño, problemas de memoria y molestias musculoesqueléticas.

Los beneficios requieren una aplicación prudente. Las molestias musculares, el dolor articular, los calambres, el mareo y la fatiga son los efectos adversos más habituales. Las posturas vigorosas, las inversiones como la postura de cabeza y la hiperventilación aumentan el riesgo, sobre todo en personas mayores, con enfermedades crónicas o sin supervisión. Por ello, conviene priorizar secuencias sencillas, adaptadas a cada condición de salud, guiadas por instructores capacitados y, cuando existan factores de riesgo, coordinadas con profesionales sanitarios.

Acceso libre al artículo original en: https://www.fisiologiadelejercicio.com/wp-content/uploads/2026/06/Comprehensive-review-on-the-benefits-and-physiological-basis-of-yoga.pdf

Referencia completa del artículo:

Unnithan AKA. Comprehensive review on the benefits and physiological basis of yoga. World J Methodol. 2026 Jun 20;16(2):114072. doi: 10.5662/wjm.v16.i2.114072.

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