julio 14, 2026

Claves para una fotoprotección optimizada – Salud y Medicina

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No aplicar correctamente el producto aumenta significativamente la pérdida de eficacia del mismo.

La piel tiene memoria; el daño del sol se va acumulando en las células a lo largo del tiempo. De todas las radiaciones solares, las ultravioletas son las que más alteraciones provocan. Los rayos UVB son los principales responsables de las quemaduras, a través del daño directo al ADN de nuestras células de la epidermis. Y los UVA actúan de forma más silenciosa, acelerando además el envejecimiento cutáneo mediante radicales libres que dan lugar a un estrés oxidativo tras la exposición al sol. Ambos son factores determinantes en el desarrollo del cáncer de piel. Los no melanoma son los tipos de tumor con mayor incidencia y respecto  al melanoma, según el informe de REDECAN “Las cifras del cáncer en España 2026”, este año se registrarán más de 8.000 nuevos casos de melanoma maligno cutáneo.

Para reducir estos riegos, la fotoprotección tópica es una de las herramientas más eficaces de las que disponemos. Y cuanto más personalizada mejor.

Una correcta aplicación

Habitualmente la elección del factor de protección (FPS) es lo que más nos preocupa y los índices altos o muy altos (30, 50 o 50+) son los que más seguridad nos dan. Pero esto no lo es todo; también hay que poner especial atención en la aplicación de los productos. La piel no es una superficie lisa sino un tejido con relieve y microrugosidades. Por eso, el fotoprotector debe repartirse por cada valle y cresta, sin que queden zonas desprotegidas. De hecho, se estima que cuando dejamos apenas entre un 1% y un 5% de la superficie de la piel sin cubrir, se puede perder hasta un 50% de la eficacia del factor de protección.

José Aguilera, investigador en fotobiología dermatológica de la Universidad de Málaga y miembro del grupo de fotobiología de la Academia Española de Dermatología (AEDV) explica: “El testaje está concebido para poner el producto a una concentración de 2mg/cm2. Para la cara, una raya de producto en el índice y otra en el dedo medio. Con eso sería suficiente para tener una protección adecuada. Lo mismo para el brazo izquierdo y el derecho y tres veces más para el tronco, por ejemplo”. Pero el experto lamenta que normalmente no nos ponemos ni la mitad de lo que deberíamos.

Innovación en las formulaciones 

La fotoprotección ha evolucionado mucho y los productos son cada vez más vanguardistas y con texturas muy mejoradas que facilitan la aplicación. “Además de filtros solares para proteger de la radiación ultravioleta A, que oxida y envejece, se han ido incorporando sustancias que van más allá. Activos como antioxidantes, despigmentantes y distintas sustancias que acompañan a esos filtros solares, van haciendo un segundo trabajo de prevención o reparación de los daños oxidativos”, expone el fotobiólogo Aguilera.

En este contexto, la tecnología Netlock, desarrollada tras más de 10 años de investigación por  L’Oréal Research & Innovation y empleada en productos de La Roche-Posay, se basa en un polímero inteligente que ofrece una protección optimizada, ya que consigue la cobertura más homogénea que permite una protección uniforme en toda la superficie cutánea. Además de tener un FPS superior al de una fórmula clásica para el mismo sistema de filtros, logra una protección continua gracias a que crea una malla ultrafina, invisible y flexible que encapsula los filtros solares. A  esto se suma que sus microcristales gelificados permiten formar una estructura que se adapta al relieve cutáneo, evitando que el producto se desplace.“Con esta tecnología se garantiza la homogeneidad del fotoprotector en la piel como si fuera una película de terciopelo”, concluye el experto.

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